Search

Consideraciones para la discapacidad visual al diseñar un plan de intervención para la conducta

Authors: Scott Baltisberger, consultor educativo para personas con discapacidad visual, Programa Outreach, de la Escuela de Texas para las personas ciegas y con discapacidad visual (TSBVI)

Abstract: El autor analiza el posible impacto de la discapacidad visual de un estudiante en su conducta mediante una descripción detallada de cinco áreas clave a considerar al desarrollar un Plan de intervención para la conducta. También describe algunas estrategias proactivas para abordar las áreas que requieren apoyo adicional.

Introducción

Un Plan de Intervención para la Conducta (BIP, por sus siglas en inglés) puede ser una herramienta valiosa para apoyar a un estudiante que está experimentando dificultades emocionales que se manifiestan en patrones de conducta difíciles, desadaptativos o no constructivos. El origen del estrés emocional de un estudiante en particular es tan individual y personal como el propio estudiante. 

En el caso de cualquier estudiante, un BIP debe ser personalizado según sus necesidades individuales, y adherirse demasiado estrictamente a cualquier generalización basada en la discapacidad visual del estudiante puede ser problemático. Sin embargo, puede ser útil tener en cuenta algunos conceptos generales para asegurar que se considere el impacto de una discapacidad visual. 

A continuación, se presentan algunas observaciones y sugerencias generales para los equipos educativos que están desarrollando un plan de intervención para la conducta para un estudiante ciego, sordociego o con baja visión. La información está organizada en cinco temas principales:

  1. Impacto de la discapacidad visual en la adquisición de habilidades sociales
  2. Impacto de la discapacidad visual en las habilidades de comunicación
  3. Impacto de la discapacidad visual en la salud emocional
  4. Impacto de la discapacidad visual en el acceso académico
  5. Impacto de discapacidades adicionales

Habilidades sociales

  • Gran parte de los conocimientos y habilidades iniciales de un estudiante son resultado del aprendizaje incidental, que es un aprendizaje no intencional a través de la observación principalmente visual de la interacción social y la experiencia contextual, en lugar de la instrucción directa. Esto incluye la adquisición de habilidades sociales y constructos cognitivos. Si bien la gente tiende a pensar que las habilidades sociales son innatas o que surgen de forma natural y universal para todos, las experiencias están fuertemente influenciadas por lo que se observa visualmente. Un estudiante ciego puede perderse señales importantes para desarrollar habilidades sociales, la mayoría de las cuales son no verbales, y esto puede afectar la forma en que el estudiante interactúa con los demás.
  • Es posible que las discapacidades de habilidades sociales de un estudiante puedan afectar sus interacciones con compañeros y/o adultos hasta tal punto que surjan problemas. Esto podría deberse a que el estudiante no comprende las interacciones sociales típicas, o a que otros están malinterpretando las acciones atípicas del estudiante. 
  • El equipo debe considerar si el comportamiento surge como resultado de déficits en habilidades sociales o de conceptos faltantes derivados de un aprendizaje incompleto debido a la discapacidad visual. En ese caso, deberían adoptarse medidas para proporcionar experiencias de aprendizaje que puedan abordar las causas subyacentes de la conducta problemática. 
  • Las estrategias proactivas en este ámbito suelen incluir instrucciones directas y explícitas sobre “qué hacer” durante las actividades habituales del aula, cómo hacer fila para las transiciones o comer en la cafetería. 

Habilidades de comunicación

  • Gran parte de la comunicación entre personas videntes se basa en señales no verbales, muchas de las cuales pueden no estar disponibles para un estudiante ciego. Esto puede incluir no sólo el lenguaje corporal, gestos y el contacto visual, sino también señales e información del entorno. 
  • Algunos ejemplos de señales e información ambiental son el número de personas en la sala, las reacciones de personas que no participan directamente en una interacción, si una expresión va dirigida al estudiante o a una persona completamente diferente, y la identificación de la fuente de un ruido.
  • Si se pasan por alto estas señales no verbales, existe la posibilidad de que se produzcan fallas de comunicación y malentendidos, lo que podría perjudicar la implementación de un programa de conducta.
  • Por consiguiente, el personal que trabaja con un estudiante que tiene un Plan de Intervención para la Conducta (BIP) debe recibir información y capacitación sobre la naturaleza específica de la discapacidad visual del estudiante, así como estrategias efectivas de comunicación e interacción con personas ciegas.
  • Una actividad de capacitación eficaz puede consistir en impartir capacitación sobre sensibilidad a la ceguera, en la que se venda los ojos al personal vidente y se le encomiende la tarea de participar en actividades e interacciones en las que la visión normalmente desempeñaría un papel importante. El resultado deseado es que el personal sea más consciente de cómo interactúa con el estudiante ciego y que modifique su propio comportamiento para ser más comprensivo y eficaz.
  • Las estrategias proactivas que apoyan la comunicación efectiva y reducen la angustia pueden incluir:
    • El uso de historias sociales que ayudan al estudiante a comprender una situación particular y su papel en ella.
    • Dirigirse al estudiante por su nombre e identificarse de forma sistemática durante las interacciones.
    • Tomarse el tiempo para explicarle al estudiante el entorno, lo que está sucediendo y quiénes están presentes. 

Salud emocional

  • Recientemente, se ha prestado mucha atención, se han realizado investigaciones y se ha impartido capacitación significativa al personal educativo en relación con la “instrucción informada sobre el trauma”. Este enfoque considera que una gran cantidad de comportamientos desadaptativos surgen de la experiencia del estudiante con eventos traumáticos en el pasado. Los comportamientos no se consideran un intento consciente por parte del estudiante para lograr un resultado, sino un intento de lograr seguridad y estabilidad.
  • El enfoque no se centra tanto en el comportamiento en sí, sino en el bienestar mental y emocional del estudiante. El objetivo de la intervención es ayudar al estudiante a recuperar la sensación de seguridad, la conexión interpersonal y la independencia. 
  • Los comportamientos no se abordan de forma aislada, sino como parte de la relación más amplia y continua que comparten el estudiante y los adultos de su entorno. 
  • El trauma puede considerarse de “T grande”: como un evento importante, dramático y definitorio que es fácilmente identificable, como una agresión física o una enfermedad debilitante. Los estudiantes ciegos o con baja visión pueden haber perdido la vista como consecuencia de un accidente o una enfermedad progresiva. También es posible que hayan recibido un tratamiento médico extenso relacionado con su afección ocular. Es posible que aún sientan los efectos de este trauma incluso muchos años después.
  • También existen eventos de “t pequeña” que no son tan dramáticos, pero que ocurren de forma continua, y cuyo efecto acumulativo puede ser el mismo. Debido a su discapacidad visual o a la reacción de los demás ante ella, los estudiantes ciegos pueden sufrir rechazo real o percibido, aislamiento y falta de autonomía.
  • Al diseñar o implementar un programa de intervención para la conducta (BIP), puede ser útil investigar cómo los traumas de tipo “T grande” o “T pequeña” pueden estar afectando al estudiante. Es fundamental centrarse en fomentar relaciones seguras y de apoyo entre el adulto y el niño. Las opciones incluyen:

Acceso académico

  • Los estudiantes ciegos o con baja visión con frecuencia requieren materiales adaptados y otras adaptaciones para acceder al contenido de instrucción. Sin embargo, en ocasiones los maestros creen que basta con proporcionar acceso auditivo. Esto simplemente no sucede en la mayoría de las situaciones.
  • Los estudiantes que no tienen acceso suficiente a la instrucción y a los materiales de instrucción pueden sentirse confundidos y desconectados de las lecciones y las oportunidades de aprendizaje en el aula, lo que puede provocar ansiedad y estrés. Los estudiantes pueden reaccionar ante estos sentimientos negándose a completar las tareas o a participar en las actividades de instrucción.
  • Las estrategias proactivas para aumentar la participación incluyen:
    • Proporcionar de forma constante materiales adaptados que permitan al estudiante participar de manera significativa en las actividades del aula.
    • Implementación coherente de las adaptaciones que un estudiante requiere para acceder a los materiales de instrucción.
    • Es necesario realizar un seguimiento frecuente con el estudiante para asegurarse de que comprende el contenido de la lección y la tarea asignada, especialmente si el estudiante dispone de materiales que, por necesidad, son diferentes a los de sus compañeros.

Discapacidades adicionales

Otro aspecto a considerar es el alto porcentaje de discapacidades adicionales entre los estudiantes con discapacidad visual. El trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual, la discapacidad motora, la discapacidad del habla/lenguaje y la discapacidad auditiva, entre otras, pueden aumentar no sólo las probabilidades de que estén presentes factores sociales, comunicativos y emocionales, sino también la gravedad de su impacto. Por ejemplo, un estudiante que es ciego pero que también tiene una discapacidad intelectual y una discapacidad motora puede haber experimentado un mayor aislamiento debido a las dificultades para conectar y comunicarse con los demás. La falta de conexión y comunicación puede provocar un aumento de la sensación de aislamiento y, consecuentemente, un trauma.

Resumen

Un plan de intervención para la conducta puede ser una excelente herramienta para apoyar a un estudiante. Sin embargo, no todos los planes de comportamiento son iguales. La calidad y la eficacia de un plan dependen directamente del grado de individualización que este tenga para cada estudiante. La aplicación de estrategias generales que no incorporen una observación profunda y un conocimiento de las necesidades sociales, comunicativas y emocionales del estudiante tendrá un éxito limitado. En el caso de un estudiante ciego, sordociego o con baja visión, se debe considerar el posible impacto de la discapacidad visual en cada una de estas áreas. 

Recursos

Schultz, M. et al. (s.f.). Orientación para planificación de intervención para la conducta para niños y adultos sordociegos o con discapacidades visuales y múltiples. Escuela de Texas para las personas ciegas y con discapacidad visual. https://www.tsbvi.edu/wp-content/uploads/assets/documents/statewide-resources/behavio_guidance.pdf 

Purvis, K. (2005). Intervención relacional basada en la confianza. Instituto Karyn Purvis para el desarrollo infantil. https://child.tcu.edu/#sthash.pxYkr1Cw.dpbs

Previous Article

Se prevé la puesta en marcha en primavera de un mini programa piloto de mentores para maestros de estudiantes sordociegos (TDB)

Prácticas Efectivas
Next Article

Instrucción en Braille: ¿Por qué resulta tan elusivo?

Noticias U Opiniones