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Enfoques de la instrucción táctil

Authors: Sara Kitchen, asesora de Outreach VI de la Escuela de Texas para las personas ciegas y con discapacidad visual (TSBVI) y Adam Graves, coordinador del Programa VI de la Universidad Estatal de San Francisco

Abstract: Un miembro actual y un exmiembro del equipo de Outreach de la TSBVI publicaron recientemente una repaso de la literatura que explora cómo se procesan en el cerebro las distintas formas de tacto. Este artículo ofrece un resumen de sus hallazgos para ayudar a los profesionales a comprender mejor cómo los enfoques de instrucción mano-bajo-mano y mano-sobre-mano pueden impactar el acceso de los estudiantes ciegos y con baja visión a la instrucción que se imparte a través del sentido del tacto.

Con el tiempo y la experiencia, los profesionales de la visión adquieren habilidades y  recopilan información para ayudar a interactuar mejor con los estudiantes a través del  sentido del tacto. Normalmente, esto ocurre porque sus estudiantes les enseñan el tipo  de tacto que les inspira, les agravia o los hace cerrarse. Pero, ¿qué se sabe realmente  del sentido del tacto? Muchos profesionales ajenos al campo de la discapacidad visual  utilizan algo llamado “mano-sobre-mano” para dirigir las manos del estudiante y  moverlas a través de una actividad. Sin embargo, los profesionales avanzados y los  expertos en el campo de las discapacidades visuales han aportado pruebas  anecdóticas y estudios de casos que respaldan el uso del “mano-bajo-mano” y el tacto  autodirigido basándose en sus muchos años de experiencia.  

Aunque los profesionales han escrito mucho sobre los beneficios del toque mano-bajo mano, nos preguntamos si estas afirmaciones eran realmente respaldadas por estudios  de investigación científica.  

Como profesionales de la visión, tiene sentido esforzarse por comprender cómo  procesa el cerebro la información procedente del sentido del tacto y ser sensibles al  tipo de mensajes que comunicamos a los estudiantes a través de NUESTRO tacto. La  pedagogía general de la enseñanza integra información sobre cómo aprenden los niños  a través de los sentidos a distancia y cómo procesa mejor el cerebro la información  visual y auditiva. Sin embargo, aún no existe una formación específica para maestros  sobre cómo procesa el cerebro el tacto.  

En 2020, iniciamos una investigación para ayudarnos a comprender mejor las  respuestas biológicas y sociales al tacto en los seres humanos. Realizamos una  análisis literario para hallar respuestas a nuestras preguntas. Puede leer este trabajo  en la publicación Journal of Blindness and Visual Impairment en un artículo titulado  Review of Literature Addressing Biological and Social Responses to Touch:  Instructional Implications publicado en línea por primera vez el 5 de septiembre de 2024. Pude que los lectores necesiten una suscripción a JVIB o AERBVI para poder acceder a ese artículo.  

La información que recopilamos sobre las respuestas biológicas al tacto incluyó  estudios donde se utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) y  observaciones de las respuestas conductuales para comprender cómo procesa el  cerebro la información táctil. Los participantes en los estudios que encontramos eran  generalmente adultos videntes, no eran personas ciegas, sordociegas, con baja visión  o con necesidades de acceso complejas. La información que encontramos es aplicable  al sistema tegumentario humano (la piel), y estas ideas deberían considerarse más allá  de nuestra especialidad. Sin embargo, la investigación que descubrimos puede  proporcionar un enfoque científico y basado en la investigación sobre el uso del tacto  en la instrucción de estudiantes ciegos, con baja visión y sordociegos.  

Aunque existen diferentes respuestas al tacto humano, especialmente en el caso de  quienes han experimentado un apego desorganizado o un trauma, las personas para  las que el tacto es un canal de aprendizaje sensorial primario constituyen un  subconjunto de la población humana general y no se consideran inherentemente  diferentes, ni biológica ni psicológicamente, a quienes dependen más de la información  visual. Además, algunas áreas del cerebro de una persona ciega pueden estar  hiperconectadas como lo explica el Dr. Lotfi Merabet (2023).  

Respuestas neurológicas al tacto 

Tacto discriminativo y afectivo 

El sistema táctil se divide a grandes rasgos en dos categorías para recoger  información: el sistema discriminativo y el sistema afectivo. Según la investigación, el  sistema discriminativo se conecta principalmente con la corteza cerebral, donde se  procesan tareas como la categorización y la organización de la información. El sistema  discriminativo incluye la piel glabra o no vellosa, como la parte delantera de las manos,  la boca y la planta de los pies. El sistema táctil discriminativo puede considerarse  investigativo porque proporciona información más detallada sobre el entorno táctil que  se procesa en las áreas del cerebro dedicadas a la resolución de problemas.  

La información procedente del sistema táctil afectivo, o de la piel vellosa como el dorso  de las manos, los brazos, la cara, etc., viaja sobre todo a las regiones “inferiores” del  cerebro, incluidos el mesencéfalo y el tronco encefálico. Estas áreas procesan  información social y de supervivencia, que en los humanos está estrechamente  relacionada con la respuesta de lucha, huida o congelación. El sistema táctil afectivo  puede considerarse protector porque proporciona información más general sobre la  seguridad del entorno táctil a las zonas del cerebro encargadas de mantener a las  personas alejadas de cualquier daño. Una de las formas en que el sistema táctil  afectivo mantiene a salvo a las personas es anulando el sistema táctil discriminativo  cuando se activa, de modo que puedan centrarse en la tarea más urgente de escapar del peligro en lugar de ocuparse en cuestiones más complejas como identificar un objeto por su textura.  

Tacto social y no social 

El sistema táctil afectivo también puede ser una forma de transmitir información  emocional a los demás. Por ejemplo, un estudio realizado en 2009 demostró que se  pueden comunicar diversas emociones mediante un breve toque en el brazo de un  desconocido que no se ve (Hertenstein et al., 2009). También encontramos un estudio  realizado en 2017 en el que los investigadores descubrieron que la mayoría de los  individuos declararon un aumento de la sensación de bienestar en respuesta a un  “toque tranquilizador”, que consistía en dar lentos toques en el brazo con un cepillo  natural (von Mohr, et al., 2017). Sin embargo, también encontramos pruebas de que no  todo el mundo responde al tacto de la misma manera. Un estudio realizado en 2020  presentó este “toque tranquilizador” a individuos que tenían vínculos parentales  traumáticos y patrones de “apego desorganizado”. Estos participantes experimentaron  las sensaciones generalmente asociadas al “toque tranquilizador” como desagradables,  mientras que los que tenían un “apego organizado”, o vínculos parentales sanos,  experimentaron el “toque tranquilizador” como agradable (Spitoni, et al., 2020).  

Otro estudio descubrió que mientras que la parte del cerebro que evalúa nuestro  bienestar y seguridad es activada por el sistema afectivo durante el contacto táctil  social, esta misma zona del cerebro se vuelve inactiva cuando una persona se dedica  al tacto propio, o no social (Boehme, et al., 2019). Esto puede indicar que el sistema  táctil afectivo está diseñado para estar más en sintonía con el tacto de otra persona.  

Tacto activo y pasivo 

También analizamos estudios que exploraron cómo tienden a responder los individuos  al tacto activo y pasivo. En general, estos estudios definieron el tacto activo como un  individuo que actúa sobre un objeto o una persona, y el tacto pasivo como un individuo  sobre el que actúa un objeto o una persona a través del sentido del tacto. Los estudios  indican que, mientras que el tacto pasivo puede ser más beneficioso para el  aprendizaje memorístico, el tacto activo es necesario para desarrollar habilidades  sensoriomotoras y mejora la capacidad del cerebro para crear memoria, lo que lo  convierte en el modo preferido para aprender habilidades más complejas de resolución  de problemas y pensamiento crítico. 

Respuestas sociales al tacto 

Tacto controlador vs. Tacto no controlador  

No es de extrañar la falta de datos que describan la perspectiva de quienes son los  receptores del tacto controlador. Muchas de estas personas tienen necesidades de  acceso complejas y no han tenido la oportunidad de desarrollar las habilidades  comunicativas necesarias para expresar lo que sienten al tener controlados sus movimientos y el acceso a la información táctil. Los estudios de Rowland & Schweigert  (1992, 2001) pudieron analizar el efecto que el control del tacto tuvo sobre los  educadores implicados en estas interacciones. Observaron que los educadores se  volvieron sobreprotectores, lo que provocó que los niños tuvieran menos oportunidades  de acceder de forma independiente a un entorno que ya les resultaba en gran medida  inaccesible debido a sus discapacidades sensoriales y/o motoras. Por el contrario, un  estudio de caso que incluía la observación de los intercambios de tacto no  controladores y cooperativos entre un maestro ciego y un estudiante ciego fueron  descritos como una danza equitativa (Anderson & Vik, 2001). Este tipo de tacto  interactivo y no controlado, en el que la información compleja se transmite entre dos o  más personas casi exclusivamente a través de los receptores táctiles de la piel,  también se describe en estudios que exploran el lenguaje y la cultura protáctiles de la  comunidad sordociega (Edwards, 2014, 2015). El tacto controlador también puede  enviar mensajes sociales al individuo y a los que están a su alrededor de que la  persona cuyo cuerpo está siendo manipulado es incapaz o poco digna de confianza,  disminuyendo así su autoestima y disminuyéndolo también en la estima de los demás,  lo que se conoce como “amenaza del estereotipo”. Esto puede conducir a un bajo  rendimiento académico y profesional y al aislamiento (Silverman & Cohen, 2014).  

Implicaciones 

Los datos recogidos a través de este análisis de le literatura no son en absoluto  exhaustivos y esperamos que se realicen más investigaciones sobre este importante  tema. Hasta ahora, estamos descubriendo que la investigación neurológica y  sociológica respalda lo que los niños llevan años diciéndonos de forma directa y sutil: el  tacto no controlador fomenta la independencia y el aprendizaje.  

El conocimiento anecdótico y experiencial de estudiantes y maestros se ha visto  reforzado por un estudio sistemático de lo que la comunidad científica ha descubierto  hasta ahora en relación con el sentido del tacto. La práctica de técnicas de enseñanza  táctil basadas en la investigación puede llevar al profesional a conseguir un uso más  hábil del tacto que fomente el desarrollo social, cognitivo y académico. Integrar este  enfoque reflexivo y basado en el cerebro en todas las interacciones e instrucción puede  aumentar los resultados positivos para los estudiantes, capacitándolos para alcanzar su  pleno potencial en la búsqueda de información, la resolución de problemas y la  conexión con su comunidad.

Un adolescente coloca su mano sobre la de un adulto mientras palpan juntos un erizo durante un festival al aire libre.

Utilizando mano-bajo-mano para ayudar a un estudiante a explorar un erizo en el Día del Bastón Blanco de 2023

Referencias 

Anderson, K. J., Brandsborg, K., & Vik, A.K., (2001). Mano sobre mano. Un maestro  ciego de discapacitados visuales trabajando con un niño ciego. The British  Journal of Visual Impairment. 19(3), 98-105. 

Boehme, R., Hauser, S., Gerling, G. J., Heilig, M., & Olausson, H. (2019). Distinción del  tacto autoproducido y el tacto social a nivel cortical y de la médula espinal.  Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(6), 2290-2299. 

Edwards, T. (2014). Language Emergence in the Seattle DeafBlind Community.  ProQuest Dissertations Publishing. 

Edwards, T. (2015). Reduciendo la brecha entre las mentes sordociegas: fundamentos  interaccionales y sociales de la atribución de intenciones en la comunidad  sordociega de Seattle. Frontiers in Psychology, 6; 1497, 1-13. 

Hertenstein, M. J., Holmes, R., McCullough, M., & Keltner, D. (2009). La comunicación  de las emociones a través del tacto. Emotion, 9(4), 566-573. 

Merabet, L. B., & Ravenscroft, J. (2023). Un marco explicativo en evolución para  comprender el complejo perfil de la discapacidad visual cerebral. British Journal  of Visual Impairment, 41(2), 197-199. https://doi.org/10.1177/02646196231163652 (Obra original publicada en 2023). 

Rowland, C., & Schweigert, P. (2001). Evaluación e instrucción de habilidades prácticas  de resolución de problemas e interacción con objetos en niños sordociegos. The  British Journal of Visual Impairment, 19(2), 57–68.  https://doi.org/10.1177/026461960101900203 

Spitoni, G. F., Zingaretti, P., Giovanardi, G., Antonucci, G., Galati, G., Lingiardi, V.,  Cruciani, G.,Titone, G., & Boccia, M. (2020). El patrón de apego desorganizado  afecta a la percepción del tacto afectivo. Scientific Reports 10.1: 9658. Web. 

Schweigert, P. & Rowland, C. (1992) “Comunicación temprana y microtecnología: Secuencia didáctica y estudio de casos de niños con discapacidad múltiple  grave”. Augmentative and Alternative Communication, 8, (4), 273-286. 

Silverman, A. M., & Cohen, G. L. (2014). Los estereotipos como escollos: Cómo el  afrontamiento de la amenaza de los estereotipos afecta a los resultados vitales  de las personas con discapacidades físicas. Personality and Social Psychology Bulletin, 40(10), 1330-1340. https://doi.org/10.1177/0146167214542800 (Obra  original publicada en 2014).

von Mohr, Kirsch, L. P., & Fotopoulou, A. (2017). La función tranquilizadora del tacto: el tacto afectivo redu

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