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Primavera/ Verano 2008 Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

Por William “Bill” Daugherty, Superintendente, TSBVI

Resumen: Bill Daugherty, Superintendente de la Escuela para niños ciegos y con impedimentos visuales de Texas, describe las opiniones de los estudiantes expresadas durante las comidas regulares en la cafetería de TSBVI.

Palabras claves: Novedades y Perspectivas, Escuela para niños ciegos y con impedimentos visuales de Texas, TSBVI, Superintendente Bill Daugherty, ceguera, impedimentos visuales, cafetería.


Me pidieron que escribiera sobre lo que observo y converso con los estudiantes cuando almuerzo con ellos  en la cafetería de TSBVI. Las cafeterías de las escuelas siempre han sido los mayores iconos de la experiencia escolar, momentos vividos, revividos y vueltos a vivir con historias de carnes misteriosas, brócoli y los muchos personajes que parecen ser los egos más interesantes durante esos 30 minutos de tiempo relativamente sin estructurar. Pero habiendo regresado recientemente de Nigeria en donde visité una escuela para ciegos y vi a niños andando media milla por trochas polvorientas, descuidadas, tres veces por día, para recibir un pequeño cuenco de granos y tubérculos  sobre una base de gacha, ya estoy casi listo para empezar a alimentarme forzadamente con brócoli aquí, de regreso a casa. Estoy bromeando, pero sólo un poco.

Debo hacer bastantes ajustes ahora que regreso a Texas, la Tierra de la Abundancia. La mesa en la que habitualmente me siento cuando puedo ir a la cafetería, está ocupada siempre por los mismos dos o tres adolescentes, con otros dos o tres que vienen y se van como los cambios de humor. Cuando estoy allí,  soy ante todo un oyente que de vez en cuando formula unas pocas preguntas abiertas sobre la comida, la música, el transporte en autobús a las casas, los profesores y temas favoritos y similares. También me paso mucho tiempo observando simplemente alrededor de la cafetería y viendo cómo interactúan chicos, chicos  y chicos con el personal. La cafetería de TSBVI realmente es un lugar muy agradable, manejada por un personal amable que sirve comidas equivalentes a cualquiera de los almuerzos de muchas de las escuelas en la cuales yo he almorzado durante años. El personal docente se sienta entre los estudiantes ofreciéndoles ayuda cuando la necesitan o de otra manera simplemente teniendo una presencia sutil que da la idea global de una comida familiar grande.

Lo que he podido captar al hablar con los estudiantes es que todos ellos tienen una serie de necesidades e intereses muy personales que reflejan su vida familiar y educación, así como su conocimiento individual de ser personas con una discapacidad. Algunos parecen verse ellos mismos significativamente a través de la lente de su condición de discapacidad, a otros parece importarle menos sobre cómo están ellos etiquetados o que parte de su cuerpo trabaja bien y cuál no lo hace. Realmente a todos parece importarle mucho lo que opinan de ellos los adultos a su alrededor. Una chica dice: ¡No puedo esperar a contarle al Sr.X y a X sobre la calificación que obtuve en matemáticas! "Un chico dice: "Espere hasta que usted me vea con mi traje mañana--usted no podrá creer lo bien que voy a lucir" Otros pocos niños en la cafetería pueden ser un poco más hoscos y pueden estar insatisfechos a su manera, pero sospecho que todos ellos están buscando desesperadamente una mirada de aprobación de los adultos que los rodean.

Estos niños también son chistosos a medida que las cosas transcurren y toda oportunidad de comer con ellos significa muchas risas. Hoy un muchacho invidente que hizo una personificación física exacta de un popular profesor de estudios sociales, actuó verdaderamente sorprendido cuando le pregunté cómo se había enterado él de las peculiaridades del profesor. Y otro muchacho dice: "Sr. Daugherty, no tengo bolígrafo, puedo pedirle prestado el suyo durante la tarde? " y yo le contesto: "Éste es el bolígrafo de un superintendente con poderes muy especiales. Si usted lo tuviera, podría firmar algo que permitiría la salida temprano de la escuela".  Y el chico contesta medio serio y medio ofendido: “Bien, pues yo tengo un bolígrafo en casa que es tan poderoso que lo usan los militares y puede dar puntapiés al suyo”.

Yo me aferré a mi pluma, y ahora descansa nerviosamente en mi bolsillo. La barbacoa de una hamburguesa con queso sobre el pan parecía llenar todo el lugar y la gente en general se sentía bien, quedaban sólo un par de horas antes de empezar un largo fin de semana.