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Una publicación sobre discapacidades visuales, y sordera y ceguera, para familias y profesionales.

Primavera/ Verano 2008 Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

Por Sue Shaffer, madre de familia, Shippensburg, PA

Reimpreso con la autorización de Perspectivas de la sordo-ceguera, otoño de 2007, que puede verse en

Resumen: Se adaptó una cacería para un padre y su hijo sordociego, para que pudieran participar en este rito de iniciación con sus amigos. Se describen las etapas necesarias para preparar el viaje y la cacería.

Palabras claves: Sabiduría familiar, sordoceguera, Síndrome CHARGE, autismo, ciego, impedimento visual, cacería.


Daniel Shaffer cumplió 12 años el verano pasado, edad a la cual la mayoría de los chicos, al menos dónde nosotros vivimos, empiezan a cazar con sus padres. Steve el padre de Daniel adora la caza. Cada año cuenta los días que faltan para que empiece la temporada de caza. El otoño pasado Steve estaba un poco deprimido a medida que se acercaba la temporada de caza. Daniel nació con el Síndrome CHARGE, es  sordociego y tiene autismo. Aunque Steve sabía que probablemente Daniel no sería un cazador, muchos de sus amigos tenían hijos que también estaban cumpliendo 12 años y estaban consiguiendo sus permisos para cazar y esto realmente lo concientizó cuando comprendió que su hijo no podría estar junto a él, afuera en los bosques.

Llegó la Navidad con una gran sorpresa. Los amigos Chaz Finkenbinder y Shawn Frick le dieron a Steve y a Daniel un regalo muy especial, una cacería adaptada a niños con necesidades especiales. La caza estaba programada para la temporada de pavos en primavera. ¡Qué regalo tan maravilloso y original! Sabíamos que Daniel realmente no entendía que era la cacería o de que se trataba todo eso, pero el hecho de que alguien había visto lo importante que era para Steve poder ir de cacería con su hijo era maravilloso.

Steve empezó a llevar a Daniel a la casa de su amigo para que practicara cómo se sostiene un arma, cómo se carga y se aprieta el gatillo. Steve se sentaba en una silla y hacía que Daniel se sentara frente a él. Colocaron un trípode de una cámara frente a Daniel para estabilizar el cañón del arma. Steve podía mirar sobre el hombro de Daniel para apuntar al blanco. También ellos se “escondían” porque los pavos son muy perceptivos visualmente a cualquier tipo de movimiento. Daniel se familiarizó con el sonido del arma y la percepción del arma cuando apretaba el gatillo.

El 21 de abril era el gran día. La noche anterior Steve estaba nervioso con pensamientos como: ¿Cómo imaginar que un pavo se acerque lo suficiente para poder dispararle, con todo el ruido que hace Daniel?  y "Realmente no creo que el guía comprenda algunas de las discapacidades de Daniel” y finalmente, "Bien, supongo que dispararemos". Colocamos el despertador a las 3:30 de la mañana (¿quién propuso esta idea?), nos levantamos y nos dirigimos a la granja para reunirnos con el guía de la cacería y con un camarógrafo que grabaría toda la cacería. Nuestro club de caza y pesca local ya le había entregado un arma a Daniel y estaba vestido con ropa de camuflaje como el papá. El guía le dio a Daniel un llamador de pavos para que lo usara, un botón para presionar, muy fácil de usar, que Daniel podía manejar por el mismo. ¡Daniel estaba tan entusiasmado de “haberse pegado” al programa con los amigos que ni siquiera tuvimos que pedirle que sonriera para la fotografía!  Y aunque él hizo ruido cuando nos estábamos sentando en la oscuridad, el guía supo cuándo usar el llamador de pavos para cubrir el ruido. Después de una hora aproximadamente de vigilar y esperar (y ¡congelarnos!), simplemente Daniel se quedó dormido durante cerca de 15 minutos y mientras todo estaba en silencio, ¡tres pavos venían derecho hacia nosotros!

 

 

Daniel y el papá después de la exitosa cacería del pavo.

Steve despertó a Daniel y le dijo “Bueno compañero, llegó el momento de apretar el gatillo". Con ayuda para apuntar el arma, Daniel  haló el gatillo y le disparó a un polluelo de pavo. ¡Era increíble! ¡El  guía, el fotógrafo  y el camarógrafo se enloquecieron! Estaban tan entusiasmados que  no podían salir del sitio dónde estábamos ocultos. Fue un regalo estupendo y definitivamente un recuerdo para toda la vida, y una lección para la mamá del por qué ella no va a cacerías (¡3:30 de la mañana en el frío!), pero esto era una cacería que por nada del mundo me hubiera perdido.