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Una publicación sobre discapacidades visuales, y sordera y ceguera, para familias y profesionales.

Por Travis Dafft, estudiante, Houston, Texas

Resumen: Un estudiante de secundaria que es sordociego comparte su experiencia al haber asistido a un baile patrocinado por una iglesia local.

Palabras claves: Sabiduría Familiar, sordociego, servicios comunitarios, integración, recreación, social

Una nota de mamá: Este artículo está escrito desde la perspectiva de Travis a través de un proceso que seguimos en forma rutinaria.  El solo eligió frases individuales y palabras para este artículo.  Por ejemplo, le dábamos una idea que calzaba en la parte específica del argumento y le ofrecía a Travis una alternativa sobre qué escribir.  Después de escrita, se le preguntaba si estaba correcta.  Si Travis respondía “sí”, la oración se incluía en el artículo.  Si decía “no”, comenzábamos nuevamente el proceso de elegir alternativas. Si bien éste es un proceso dilatado, descubrimos que Travis no sólo posee un travieso sentido del humor sino que realmente tiene voz propia.  En lugar de sólo esperar que le hablen, él interactúa con las personas.

Gracias a la TWUMC, al Comité de Ministros de Bendiciones Especiales, Lisa y Nino Thompson, Debbie y Kevin Glass, Willie y Gayle, George y Christine Givens y todos los padres y voluntarios de la secundaria que hicieron de ésta una noche especial para todos. Mientras estaba de vacaciones en Indiana, Travis ha mostrado sus fotografías y contado su historia a muchas personas. Incluso ha alentado a su amiga Amanda a conversar con su pastor acerca de realizar un baile de gala especial en su iglesia. Es asombroso el cambio que dos caras sonrientes pueden lograr en este mundo.


La mayoría de los adolescentes esperan con ansias la primavera cuando ocurre el gran suceso en sus vidas… EL BAILE DE GALA.  Cada año, la Iglesia Metodista Unida de The Woodlands organiza un baile de gala de “Bendiciones Especiales” y éste sería mi primer año en que podría asistir. Nunca pensé que llegaría este día, en especial después de todas las crisis médicas que he tenido últimamente. Pero el 12 de abril se acercaba con rapidez y aún no tenía una compañera para el baile.

Mientras yacía en mi cama de hospital, decidí pedirle a una amiga, Skye Givens, que me acompañara al baile. Mi mamá y yo estábamos un tanto preocupados ya que Skye tiene 10 años y yo 17 y tal vez sus padres no la dejarían ir. De modo que mi mamá le pidió a su madre si estaba bien el invitarla. La Sra. Givens se emocionó y dijo que yo podía pedirle a Skye que fuese al baile como mi invitada.

Hice una invitación especial donde le pedía a Skye hacerme el honor de asistir a una “Tarde Real” conmigo en la iglesia. Sus padres llamaron y dijeron que a ella le encantaría ir.

Ahora comenzaba el verdadero trabajo. Mamá le dijo a papá y a mí que era nuestro trabajo conseguir mi esmoquin y sus flores. Papá estaba listo para partir al mall pero mamá dijo que teníamos que esperar hasta saber el color del traje de Skye.  Mientras Skye y su madre se iban a comprar su traje, un amigo mío Sky Hoake, me regaló  su antiguo esmoquin que ya no le quedaba. Me quedó perfecto.

Finalmente la Sra. Givens llamó y dijo que Skye usaría un vestido amarillo. Papá y yo pedimos una faja y corbatín amarillos a través de Internet. El le preguntó a mamá si yo necesitaba zapatos pero ella dijo que podía usar mis zapatos negros que calzaban sobre mis aparatos ortopédicos. Luego nos fuimos a la florería. El vendedor nos ayudó a escoger un bello diseño floral y yo lo pagué.

Papá y yo fuimos al mall a comprarme alguna colonia especial para la gran noche. Olí más de 12 fragancias antes de elegir el más caro perfume de Gucci. Ahora estaba listo.

El 12 de abril finalmente llegó; pasé las primeras horas de la tarde vistiéndome. Mi hermana llegó y tomamos muchas fotografías. Le di a mamá una flor especial para que la llevase puesta. Luego fue el momento de reunirme con Skye.

Cuando llegamos a la iglesia, un gran grupo de amigos nos esperaba para saludarnos y tomarnos una foto. Skye y yo tomamos nuestras coronas y bandas que nos proclamaban como el Rey y la Reina. Dimos un corto paseo en un carruaje tirado por un caballo hasta la entrada del salón. Fuimos presentados por el bufón de la corte y luego comenzó el baile.

Mamá y la Sra. Givens estaban seguras de que sería una breve permanencia ya que Skye y yo somos sordociegos y no manejamos muy bien el ruido. Nuestros padres pensaron que nos quedaríamos por una o tal vez dos canciones a lo más. A medida que avanzó la noche, nunca abandoné la pista de baile. Mamá me ayudó a bailar al principio, luego le mostró a dos chicas muy simpáticas de secundaria cómo mover mi silla y ellas fueron mis compañeras por el resto de la noche. Skye bailó cerca con sus ayudantes especiales y nos divertimos mucho.  Mi primer baile de gala fue un éxito inmenso y apenas puedo esperar a que llegue el próximo año.