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Patricia Walsh

Resumen: La autora analiza de qué manera sus padres la ayudaron a convertirse en una persona adulta ciega competente e independiente.

Palabras clave: ciega, independencia, autodeterminación, atleta, ingeniera

Por el título “Qué hicieron bien mis padres”, uno esperaría que fuera una lectura corta. Las oportunidades que tuve para tener acceso a la educación de nivel superior y para participar en paratriatlones como competidora ciega me han aportado una nueva perspectiva en lo que respecta al valor de haber sido educada para alcanzar un estándar elevado. Ahora que tengo una perspectiva adulta sobre la crianza de un niño, me doy cuenta que había un método en medio de la locura.

Nada es blanco y negro. Todos hacemos lo mejor que podemos para atravesar complejos espectros de comportamientos, emociones y capacidades. Siempre comento que lo más difícil de ser ciega es el perjuicio que existe de tener expectativas reducidas. Mis compañeros profesionales, mi familia y la población en general siempre esperan lo mínimo de mí. Mientras estudiaba para obtener mi título en Ingeniería Electrónica y Ciencias Informáticas en la Universidad del Estado de Oregón, trabajaba en el departamento de Física. Allí, lideraba un equipo de asistentes de investigación. Tenía las mismas responsabilidades, o incluso más, que mis compañeros con visión normal, basadas en mi capacidad para utilizar la tecnología de integración para alcanzar los resultados. Un día, tomé el ascensor para subir al nivel principal. Una samaritana bien intencionada se me acercó y comenzó a hacerme esas preguntas tontas que las personas con algún tipo de discapacidad odiamos.  Primero, me preguntó “¿Qué te sucedió?” Luego: "¿Vives con tus padres?” El broche de oro de su catarata bien intencionada de preguntas incómodas llegó cuando, en lo que suponía era una forma amorosa de aliento, me dijo: “Creo que es digno de admiración que te permitan trabajar aquí”.

Pónganse en mi lugar por un momento. Había trabajado arduamente para alcanzar mi máximo potencial. Tengo un currículum muy completo en comparación con mis compañeros de trabajo con visión normal. Me mantengo con mis propios medios en una universidad importante. En ese momento, todos los esfuerzos realizados quedaron reducidos a la suposición de que mi presencia allí era un regalo. ¡Cuánto me ha costado, y me cuesta, no ponerme a la defensiva! Qué difícil es mantener el compromiso asumido de ser una educadora amable. Según mi experiencia, no importa lo que has logrado… nunca podrás superar la creencia cultural de ser menos que el resto. La única manera de hacer frente a la presión de que se espere menos de uno es cultivando un sentido de la capacidad.

La única oportunidad que tengo para interactuar con otras personas ciegas o con discapacidades es como atleta. Como miembro del equipo nacional de los EE. UU., me encuentro con personas ciegas de todo tipo. Lo que me resulta interesante es que no hay conexión aparente entre el grado de pérdida de visión y la independencia. Conozco personas legalmente ciegas que son muy dependientes, mientras que otras son muy independientes. Conozco adultos ciegos a quienes les resulta muy difícil responder una pregunta por si mismos mientras que sus sobreprotectores padres interceden para dar la respuesta y, así, ante el resto del mundo, dan la impresión de que su hijo o hija adulto/a tiene una discapacidad intelectual en lugar de ser ciego/a.

En rigor e incluso más que en otro tipo de discapacidades, creo que el grado de ceguera no afecta la capacidad. Lo que sí la afecta es el sentido de la identidad y de la aptitud, y las oportunidades que se presentan para desarrollar las habilidades de promoción propia.

Mis padres negaban y, tal vez, aun niegan por completo mi discapacidad. Era como una especie de péndulo que oscilaba entre ignorar el problema, a veces exagerarlo y, en ocasiones, hacer uso de él para llamar la atención: todas las posibilidades cabían en el mapa. Recuerdo que me llegaron a gritar para que expresara mi pena. Recuerdo que me gritaron para tener mejores resultados en la escuela. Recuerdo haberme sentido totalmente confundida en cuanto a cómo adaptarme a la pérdida de visión. Cuando era niña, odiaba su falta de ayuda y orientación. Sentía que me dejaban a la deriva. Ahora que soy adulta y que he conocido a personas ciegas o con un bajo nivel de visión, y que son mucho más dependientes de lo que les exige su discapacidad, siento una inmensa gratitud por mi gran capacidad de tomar la iniciativa. Siempre me pongo metas elevadas. Tengo un fuerte sentido de mi misma. Me considero líder. Sin embargo, esto no habría sido así si no hubiera tenido oportunidades para desarrollar un conjunto de herramientas para defenderme por mi cuenta.

El objetivo de este artículo no es alentarlos a gritarles o confundir a sus hijos, sino a encontrar un punto medio entre ser sobreprotectores y no ofrecer ningún tipo de ayuda.  Los hijos ciegos necesitan respaldo. Precisan que se les afirme que son capaces de hacer lo que se propongan y no tratarlos como si fueran bebés.  Se les debe desafiar y se les debe generar la confianza necesaria para saber que pueden hacer frente a ese desafío de manera independiente. La mejor y más preciada herramienta que pueden regalarle a su hijo es el buen criterio, que solamente puede incorporarse si se les brinda la oportunidad de ponerlo en práctica.

Creo que esta práctica puede resultar difícil, tanto para los padres como para el niño. Su hijo debería participar en actividades. Cuando hablo con alumnos ciegos o con discapacidades, siempre les aconsejo que busquen hacer algo en lo que sean buenos y que disfruten. No hay que permitir que la falta más evidente que uno tiene se convierta en su identidad. Es sorprendente ver cómo invertir en el sentido de la capacidad se extiende a todos los aspectos de la vida. Únicamente alcanzando el éxito en desafíos cada vez más elevados su hijo puede convertirse en una gran fuente de capacidad, independientemente de que sea ciego, tenga un bajo nivel de visión o sea físicamente capaz. El mayor valor de su hijo será poder confiar en su propio criterio.

Hoy en día, soy totalmente independiente. Viajo por el mundo sin guía ni ayuda. Vivo una vida que supera mis sueños más locos. Aun no pudiendo ver, confío más en mi propia percepción de lo que me rodea que en lo que los demás me describen. Lo más peligroso y absurdo que pueden hacerle a un niño discapacitado es sobreprotegerlo. Sé que debe ser difícil soltarlo y dejarlo ir. Sin embargo, es importante que le regalen a su hijo el hecho de poder confiar en su propio criterio, dándole espacio para crecer. Necesitan practicar. Confíen en mí, ellos se lo agradecerán más adelante.

“La adversidad hace que surjan talentos que, en circunstancias ideales, hubieran permanecido adormecidos.” – Horacio. Como padre, debe ser difícil ver que tu hijo sufre por cualquier tipo de discapacidad. Siento una verdadera compasión al respecto. Aun así, invito a todos los padres a definir objetivos elevados para sus hijos. Enséñenles a ser independientes, tal como lo harían con un hijo físicamente capaz. Si un padre intercede siempre para tomar decisiones en nombre de su hijo discapacitado, ese niño nunca tendrá la oportunidad de descubrir sus propios talentos. Si bien la intención es proteger, lo único que se logra es reprimir. Cuando era niña, odiaba que me exigieran que me defendiera por mí misma. Como adulta, siento una enorme gratitud por mi propio sentido de la aptitud, por mi habilidad para defenderme y por la capacidad para hacer frente a situaciones complicadas de manera independiente.

Mi sugerencia final es que todos los padres encuentren un punto medio. Inviten a sus hijos a ser capaces. Enséñenles a ser independientes. Ayúdenlos a cultivar sus capacidades, dones y talentos que, de otra manera, hubieran permanecido adormecidos. La única persona que realmente conoce las limitaciones de su hijo es su propio hijo. Imponerles limitaciones percibidas no le sirve a nadie. Destinen todo el amor y la dedicación que sienten como padres a contribuir al crecimiento de su hijo.

Patricia Walsh es paratriatleta cuatro veces campeona a nivel nacional, dos veces medalla de bronce de la International Triathlon Union (ITU, Unión Internacional de Triatlón), dos veces campeona de PATCO (Confederación Americana de Triatlón), Atleta del año 2012 de USA Triathlon (USAT, Triatlón de Estados Unidos), ingeniera galardonada y autora de “Blind Ambition: How to Envision Your Limitless Potential and Achieve the Sucess You Want ("Ambición ciega: cómo imaginar el máximo potencial y alcanzar el éxito deseado") Se la entrevistó en NPR, Success Magazine, CEO Magazine y Thought Leaders LLC, entre otras publicaciones. Para comunicarse conmigo, pueden escribirme a: