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Texas sense abilities hoja informativa

Chris Tabb, asesor en orientación y movilidad

Resumen: El autor presenta una descripción general de las instrucciones de orientación y movilidad para alumnos con discapacidades importantes, además de la discapacidad visual.

Palabras clave: orientación y movilidad, destrezas funcionales, movimiento, desarrollo de conceptos

Nota: Este documento está dirigido a todos los miembros del equipo del programa de educación individualizada (IEP, Individualized Education Program) del alumno. El uso de los pronombres se varía en forma intencional; a veces, se utilizará "alumno", mientras que otras, "niño". Si bien puede parecer que una sección está dirigida a padres y otra a profesionales de la educación, todas las estrategias pueden implementarse tanto en el hogar como en el ámbito educativo.

Alentar el movimiento intencionado

Disponer de ciertos momentos en el día para que los alumnos practiquen movilizarse en forma independiente los ayudará a desarrollar destrezas que, luego, pueden extenderse a nuevas áreas y a recorridos de mayor duración. Los movimientos intencionados pueden ser tan simples como llevar la mano hasta un juguete preferido que está ubicado junto al cuerpo o, incluso, sobre él. Cuando se implementan estructuras para apoyar y alentar este tipo de movimiento, en casa y en la escuela, aumentará la motivación para desplazarse y comenzar a moverse con un objetivo. Algunos de los ejemplos para ofrecer un entorno de ayuda a la hora de lograr un movimiento intencionado podría ser contar con una ubicación para colocar los juguetes favoritos, de modo tal que los alumnos puedan tomarlos en cualquier momento y tener la confianza de que encontrarán sus objetos preferidos allí. Es posible mejorar o ampliar esta estrategia mediante el uso de indicadores táctiles, que muestren que ciertos lugares específicos son "sus" lugares, tales como marcar un compartimento o un gancho para la ropa con texturas o un objeto pequeño, que los ayude a saber dónde están sus pertenencias en la escuela. También se le puede colocar al indicador una etiqueta en código braille, para que comiencen a desarrollar el concepto de que el braille está relacionado con los nombres de las cosas. Otros lugares en los que resultaría útil incluir "su" símbolo o indicador táctil podrían ser la silla, el escritorio, la puerta de la habitación en su casa, etc. Con la expectativa de lograr la previsibilidad y el control en el entorno, los alumnos presentan mayores probabilidades de iniciar el recorrido por sus propios medios y, también, comenzar a desarrollar un sentido del dominio propio y de la confianza para desplazarse, al mismo tiempo que obtienen su recompensa por haber llegado a sus objetos favoritos o al lugar elegido. Este refuerzo natural hace que se extienda la motivación para moverse.

Otra estrategia de utilidad consiste en planear y disponer de cierto tiempo de "exploración libre" en el día de los alumnos. El período debe ser breve (p. ej., entre 10 y 20 minutos) y les permitirá poner en práctica el desplazamiento en la escuela o en el hogar (podría ser también al aire libre, cuando el terreno y el resto de las condiciones sean seguras para hacerlo). Así, se nos presenta una oportunidad beneficiosa a nivel educativo para satisfacer y alentar las curiosidades que puedan tener los alumnos sobre lo que los rodea. Si se desorientan o se encuentran con algo inesperado, se genera una excelente oportunidad para desarrollar la capacidad de resolución de problemas. Un ejemplo podría ser buscar un pasillo de la escuela que les permita tomar un nuevo camino para llegar a la clase, o encontrarse con un carro de la biblioteca en medio del corredor y aprender a rodearlo en forma segura. Durante este período, siempre habrá un adulto cerca para ayudar en lo que sea necesario; sin embargo, el alumno decide qué hacer y adónde ir, en lugar de que el adulto le dé instrucciones y dirija sus acciones.

Desarrollo de la eficiencia sensorial

Alentar al alumno a tomar conciencia de los registros sensoriales a los que su capacidad física les permite prestar atención en el entorno lo ayudará a comenzar a desarrollar las habilidades relacionadas con la eficiencia sensorial. Recuerde incluir registros táctiles, auditivos, cenestésicos, de propiocepción, olfativos y, si existe la capacidad para recibir información visual, visuales también.

Una manera de pensar la diferencia entre registros cenestésicos y de propiocepción es acerca de cómo se siente uno cuando está en una montaña. Al subir o bajar por una montaña, sentimos cómo se utilizan los distintos músculos. Si subimos, sentimos que realizamos un esfuerzo adicional. Esta sensación muscular se denomina cenestesia. Es la forma en que el cuerpo nos indica si se produce un cambio en la elevación de un camino, más allá de la visión. La propiocepción sería la sensación que uno siente en las articulaciones, por ejemplo, en el tobillo, al flexionarlo hacia adelante o hacia atrás para mantenerse erguido mientras se está de pie en una montaña. La misma sensación se produce al pararse sobre un rollo de espuma o en el borde de un escalón o bordillo. Esto no se le suele "enseñar" a los niños, ya que la mayoría de ellos ya se habrá dado cuenta de que se encuentra en una montaña gracias a su visión, lo que se considera aprendizaje incidental. Cuando nos tomamos el tiempo para prestarle atención de manera intencional a estos otros registros sensoriales disponibles para nuestros hijos, los ayudamos a incorporar herramientas que pueden utilizar para tener acceso a la información sobre el entorno en cualquier momento.

Cuando enseñamos, solemos decir "miren esto…" o "ven cómo…"; los adultos aprendieron a partir de estas representaciones visuales y transmiten la información a sus alumnos de la misma manera. Al pensar sobre los otros sentidos disponibles para nuestros alumnos, los ayudamos a "visualizar" sus entornos a través de estos otros canales sensoriales. Podría ser aplaudiendo en el gimnasio para escuchar el eco y, luego, comparar cómo suena el mismo aplauso en un lugar más pequeño y con mayor acústica, como el baño; o bien, escuchar cómo cambia el sonido al pasar por pasillos que se interconectan en un pasillo principal silencioso. Como los adultos probablemente incorporaron sus conocimientos sobre el mundo de una forma totalmente distinta, podría requerir cierto nivel de pensamiento y creatividad adicional para introducir los ejercicios sensoriales. Sin embargo, al hacerlo, los niños adquieren una independencia invaluable. Una vez que comienzan a reconocer las fuentes de información a su disposición y continúan prestando atención a la información sensorial, su capacidad para visualizar el mundo (a través de una diversidad de canales sensoriales, como las ondas de sonido de un sonar) sigue desarrollándose.

A continuación, se mencionan algunos ejemplos de actividades para poner en práctica:

  1. Ubicar sonidos, cómo identificar la ubicación de objetos que se dejan caer o señalar a una persona que está caminando y seguir el sonido de sus pasos.
  2. Alinearse con los sonidos.
  3. Caminar hacia los sonidos y alejarse de ellos.
  4. Caminar alrededor de los sonidos para rodear algo.
  5. Identificar patrones de sonidos.
  6. Usar ecos y sonidos reflejados (ecolocación pasiva y activa)
  7. Distinguir el origen de los sonidos, como el de un auto, una cortadora de césped o un avión.
  8. Estimar la distancia del sonido.
  9. Estimar la dirección del sonido. ¿Viene hacia aquí o se aleja?
  10. Comprender en qué momento la capacidad propia para usar el sonido se ve afectada por cambios en el entorno, o en uno mismo.
  11. Buscar otros medios sensoriales para comprobar o confirmar lo que se recibe o interpreta a través de un canal auditivo.

El sentido táctil puede incluir tocar distintas texturas o temperaturas. La lección podría tratar sobre sentir el sol sobre la piel para mantener la alineación a lo largo de una ruta y definir el sentido del recorrido, sabiendo la ubicación del sol.

El sentido del olfato puede contribuir a la orientación y a la conexión con el entorno a fin de proporcionar pistas para saber lo que puede estar sucediendo allí, como oler el aroma de una panadería o reconocer el fuerte olor de un contenedor por el que se pasa todos los días en el estacionamiento, camino a la escuela.

Desarrollo de los conceptos

Áspero y suave, adentro y afuera, más y menos, rápido y despacio: son conceptos que se pueden desarrollar en el entorno educativo y en el hogar. Cuantos más conceptos se desarrollan y utilizan en distintos ámbitos y lugares, mayor será el poder y la conexión de los conceptos. Los conceptos que suelen introducirse originalmente en una actividad de escritorio pueden utilizarse luego para empatar texturas de ropas, distinguir puntos de referencia. etc.

A menudo, los conceptos que se enseñan por medio de la exploración a alumnos con visión normal deben enseñarse de manera intencional a los alumnos ciegos y con discapacidades visuales, ya que, de otra manera, no pueden reconocer las oportunidades de aprendizaje que les presenta el entorno. Esto podría ser sentir el vidrio de las ventanas y analizar las cualidades del vidrio: conserva la temperatura, está caliente en verano y frío en invierno, suele ser suave y duro, mientras que tiene un sonido diferente de la madera, del metal o del plástico. Es posible explorar cada uno de estos materiales y presentar, comparar y contrastar los nuevos conceptos en relación con sus características.

Coherencia en los entornos de aprendizaje

Repetir a intervalos regulares y lograr que todos los integrantes del equipo trabajen sobre los mismos conceptos y destrezas, utilizando el mismo idioma para nombrarlos, facilitará la adquisición de conceptos y habilidades. Mantener la cantidad de nuevos conceptos y habilidades en un nivel mínimo que se represente y destaque en diversas áreas y en distintos lugares (p. ej., el salón de clases, con cada uno de los servicios relacionados, y en el hogar) ubica a la nueva información en el centro de atención y aprendizaje, y permite que se produzcan una cantidad máxima de ocurrencias para relacionar los conceptos con distintos entornos y situaciones. Cuánto más se experimentan los conceptos, más rápido se logra incorporarlos, y cuánto más se alienta a los alumnos, mayor será su adaptación y significado.

Las rutinas que se incorporan al día de un alumno ofrecen oportunidades y repeticiones naturales para aprender nuevos conceptos y practicar los que ya se han incorporado. Cerciorarse de que el niño realice la misma rutina de presentación lo ayudará a alcanzar altos niveles de independencia en las actividades incluidas en la rutina. Una buena idea es colocar fotografías con descripciones de los pasos que conforman la rutina y colocarlos cerca del área donde se realiza la rutina, de modo tal que, cualquier persona que trabaje con el alumno, la implemente de la misma manera. Esto le permite al alumno concentrarse en aprender la rutina en sí y los conceptos que se presentan en forma intencional, en lugar de distraer su atención con diferencias en la configuración o las preferencias del adulto que trabaja con él.

Un ejemplo de las primeras etapas del movimiento intencional puede ser una manta o alfombra de actividades, en la cual los juguetes se colocan siempre en los mismos lugares (p. ej., el juguete musical va siempre en una de las esquinas; el juguete con vibración, en diagonal a la primera; un juguete de peluche, en la tercera; y un juguete para apretar, en la última). Si los juguetes se colocan siempre en los mismos lugares, se mostrarán más proclives a explorar, más allá del adulto que trabaje con ellos, ya que podrán predecir dónde están sus juguetes favoritos y, luego, alcanzar o tomar correctamente lo que desean de manera independiente. Luego, estas destrezas pueden extenderse a áreas más grandes, como desplazarse dentro de la clase, al edificio de la escuela y, por último, al área que ocupa la escuela, incluida la zona de recreación al aire libre.

Compartir valores

Los juegos interactivos y los momentos para compartir valores, en los que se produce un encuentro con el alumno en su propio espacio y a su nivel de interés, es el mejor lugar para comenzar a desarrollar una buena relación. El desarrollo de una buena relación representa las bases para una futura expansión de las destrezas, cuando los alumnos pueden sentirse atemorizados de aprender nuevas habilidades (p. ej., ingresar en entornos ruidosos, cruzar calles, etc.) y basarse en la confianza que han desarrollado con el adulto que trabaja con ellos.

Como adultos, solemos olvidarnos de escuchar verdaderamente al alumno, en particular, cuando la comunicación no es verbal. Tenemos que recordar que debemos tratar de incorporarnos a su momento siempre que sea posible, en lugar de intentar atraerlos hacia el momento que nos gustaría que vivan. Es mucho más probable que "acepten" participar de la actividad que les proponemos si, en primer lugar, nos encontramos con ellos en el lugar donde están y compartimos la actividad que están realizando. De esta manera, ya estamos conectados y en comunicación antes de ofrecerles una actividad que creemos que deberían realizar.

Motivadores y comunicación

Lleve un registro de lo que le resulta motivador y lo que le resulta aversivo a su hijo. Más adelante, estos elementos o experiencias sensoriales pueden utilizarse como "zanahoria" o motivadores para otras actividades si su hijo los considera positivos, en tanto que los estímulos aversivos pueden resultar útiles para demostrar la comprensión conceptual con preferencias y aversiones. Esto puede realizarse durante una secuencia de elecciones con un sistema de calendario, a fin de comprobar que no se elegirá un elemento que es probable que el niño considere aversivo y que en cambio sí se seleccionará un elemento de su preferencia. Una vez que estos elementos se comunican de manera consistente utilizando el objeto real, pueden trasladarse luego a un símbolo o una pieza del elemento, como la cadena de un columpio, para representar la actividad de columpiarse. Finalmente, el símbolo se convertirá en algo más abstracto, como un eslabón de la cadena o, incluso, el dibujo de una línea elevada, de la misma manera que las palabras impresas y en braille son una abstracción de las cosas físicas y concretas que representan.

Una vez que el niño demuestre tener la capacidad para usar símbolos, estos pueden utilizarse para comunicar actividades planificadas, realizar elecciones y expresar preferencias. También pueden utilizarse para crear rutinas funcionales y generar motivos para practicar las rutas, como ir desde el salón de clases hasta el área de juegos para llegar al columpio, o ir hasta la oficina para entregar el registro diario de asistencia como parte de la rutina de trabajo. Luego, estas actividades se repasan junto con los símbolos para "hablar" y comunicar las experiencias de la actividad; así, se desarrollan aún más los conceptos, la alfabetización y el sentido de la comprensión y del control en el entorno, así como el beneficio social respecto de compartir algo sobre un evento.

La experiencia es la mejor maestra

Es necesario permitir que se produzcan accidentes "seguros". Aprendemos de los errores y, si evitamos que un niño tenga un accidente, lo privamos de su oportunidad de aprender del error o del accidente. Si un niño está caminando por el área de juegos y se tropieza por el cambio de elevación del terreno, aprenden a caerse, a levantarse y, con una cantidad suficiente de situaciones, a cambiar el punto de equilibrio y evitar caerse. Es necesario que vivan la experiencia para aprender de ella. Por supuesto, hay cierto tipo de accidentes que exceden el alcance de la seguridad, como caerse desde la parte alta de un juego de columpios o tratar de cruzar una calle con vehículos en movimiento. El adulto debe intervenir en estas situaciones. Sin embargo, si el accidente no le producirá un daño físico, puede ser una gran oportunidad para permitir que suceda y aprender de él. A veces, les enseñamos previamente a los niños ciertas técnicas de protección, como levantar la mano y colocársela delante de la cabeza para evitar chocarse contra una mesa al inclinarse. Por lo general, la destreza suele incorporarse verdaderamente cuando el niño choca la mesa con su cabeza y puede establecer una conexión dentro de sí mismo que le dice que poner la mano delante de su cabeza antes de inclinarse hacia adelante podría evitar el golpe en el futuro. Si, como adultos, siempre les damos la indicación o la pista para que implementen la técnica de protección para evitar golpearse la cabeza, estamos interfiriendo con el proceso natural de aprendizaje. En ocasiones, tenemos que ayudar al niño a procesar el evento y conectar la técnica con el resultado deseado; sin embargo, a largo plazo, deben aprender a implementar la técnica por sí mismos para que resulte efectiva y tengan un accidente "seguro". Creemos que es la mejor forma de aprender.

Celebrar los logros