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Una publicación sobre discapacidades visuales, y sordera y ceguera, para familias y profesionales.

Por: Ann Foxworth, Escuela de Texas para Ciegos y Discapacitados Visuales (Texas School for the Blind and Visually Impaired)

Resumen: disfrute de leer la experiencia de vida de esta adulta ciega y de saber cómo su familia la ayudó a ser independiente y a tener una vida plena y satisfactoria.

 Palabras clave: ciegos, escuela, empleo

 

Floyd y Mary McMullen se regocijaron al darle la bienvenida al mundo a su tercera hija. Pero, después de cuatro meses, estaban en la oficina del pediatra llenos de miedo e incertidumbre mientras escuchaban al médico informarles que su nueva bebé, Ann, era ciega y que no existía ningún procedimiento quirúrgico para otorgarle la visión. Sus corazones estaban llenos de dolor y lamentaban la pérdida de una vida normal para su hija menor.

 Floyd y Mary venían de familias trabajadoras y tenían excelentes habilidades para resolver problemas. Tomaron la decisión de criar a Ann utilizando las mismas técnicas que usaron para educar a sus hijas mayores.

Y de esa forma, Ann empezó su vida “normal” que sus padres le ofrecieron con tanto amor. Permitieron que Ann encontrara su propio camino a través de la exploración de su medioambiente, siempre siendo cuidadosos, pero jamás poniendo límites. Aprendió a andar en patines, a montar en bicicleta y a nadar. Ann fue inscrita en el kindergarten a los 5 años de edad y completó el programa feliz y con éxito. A la edad de seis años, Ann fue colocada en un aula de educación especial para niños ciegos en una escuela pública, donde cursó del primero al quinto grado.

Debido a un cambio de circunstancias, la familia tuvo que mudarse a Fort Worth y se tomó la decisión de que Ann completara su educación en la Escuela de Texas para Ciegos y Discapacitados Visuales (TSBVI, por sus siglas en inglés), en Austin. Nuevamente, los corazones de Floyd y Mary estaban rotos, tomaron la decisión en nombre de Ann de realizar el viaje de 200 millas a Austin para dejar a Ann establecida en su nueva vida como estudiante.

Ya de regreso en su hogar, donde enfrentarían la inminente muerte de Floyd debido a un trastorno pulmonar, lamentaban profundamente la lejanía de su pequeña de solo 11 años a 200 millas de ellos. Pero mantenían la esperanza de lograr una vida “normal” para Ann y trabajaron por esa meta a pesar de su dolor.

Ann estaba acomodándose muy feliz en su nueva escuela, haciendo nuevos amigos y aprendiendo cómo vivir en una comunidad de pares. Recibió la noticia de la muerte de su padre apenas tres meses después de haber dejado su casa. Muchos años después, Ann supo cuánto su padre anhelaba ir a Austin para traerla a casa nuevamente, y cuánto había tenido que reprimir ese deseo recordando que la niña estaba aprendiendo a ser independiente y a ajustarse a la vida como una persona ciega.

Ann disfrutó de siete felices años en TSBVI, donde estudió mucho, creció para convertirse en una joven adulta y encontró sus propios sueños. Ann se graduó con honores y se lanzó, con una perspectiva positiva, al mundo real. Ingresó al programa de Emprendedores de Negocios de Texas (Business Enterprises of Texas) en el que administró cafeterías por siete años. Se casó y tuvo un hijo y, siete años después, le dio la bienvenida a una hija. Su vida era plena, y la vida “normal” con la que sus padres soñaron, era una realidad. Sus días estaban llenos con la crianza de sus hijos, y con todos los retos y recompensas que conlleva la maternidad.Cuando sus hijos se convirtieron en adultos independientes, Ann, a la edad de 43 años, decidió empezar una nueva carrera. Se convirtió en la primera persona ciega en tener un puesto como Asistente de Rehabilitación para la División de Servicios para Ciegos (DBS, por sus siglas en inglés). Trabajó en esta posición en el Centro de Rehabilitación Criss Cole por cinco años. Durante ese tiempo, se le solicitó a menudo que trabajara como maestra suplente en varios departamentos en el Centro. Después de cinco años, Ann recibió una oferta como docente en rehabilitación, donde desarrolló y administró programas para la integración de destrezas para estudiantes que estaban a punto de graduarse de los programas del Centro.

Ann encontró otra oportunidad con la División de Servicios para Ciegos como transcriptora braille. Su amor por la enseñanza y por producir braille hizo que este trabajo fuera ideal para ella. Después de dos años en la Unidad Braille, Ann recibió otra oportunidad de vivir su pasión de promover el braille para alfabetizar a personas ciegas, al ser asignada a un puesto como consultora de Statewide Braille. Desarrolló y administró un programa que les ofrecía a los maestros del DBS en campo y en el Centro de Rehabilitación, las destrezas para enseñar braille. Escribió varios manuales para maestros de braille, que fueron de enorme valor para los 70 maestros de rehabilitación de la agencia en todo el estado.

Ann es miembro activo del Consejo Estadounidense de Ciegos (American Council of the Blind), una organización que promueve la independencia y autodefensa de todos los estadounidenses ciegos. Es activa en su iglesia, participa en consejos directivos, comités y en programas de alcance comunitario. El sueño de Floyd y Mary de que su hija menor tuviera una vida plena, productiva y “normal”, se ha cumplido. Le dieron el regalo más grande del mundo: el regalo de amor y apoyo, y el regalo de dejarla volar.