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Una publicación sobre discapacidades visuales, y sordera y ceguera, para familias y profesionales.

John Walsh, Padre., River, Ontario.

Nota del editor: La Sra. Jean Robinson, coordinadora de Apoyo a Familias del Departamento de Servicios para los Incapacitados de la Vista aquí en TSBVI envió esta nota de John Walsh que ella leyó en el bvi-parents listserv. En esta nota el Sr. Walsh responde a un padre preocupado porque su hijo había perdido el interés en la lectura. Pensamos que otros padres podrían aprovechar sus ideas. Si a usted le gustaría conectarse al listserv usted puede hacerlo enviando un mensaje e-mail a .

Mi hija fue diagnosticada legalmente ciega a la edad de cinco años, pero todavía tenía un poco de vista. Ella perdió el interés en la lectura, pero lo que realmente estaba sucediendo era que la lectura se le estaba haciendo demasiado difícil. Los primeros dos años de escuela las frases eran relativamente simples, la letra relativamente grande y le era fácil leer con un lente magnificador. Ella se había resistido a aprender el braille porque podía leer la letra impresa. Pero gradualmente, en el 5° o 6° grado, la letra comenzó a ser más pequeña y las frases más difíciles. Mientras que todavía podía "leer" con la ayuda de un lente magnificador, con el tiempo se le hizo tan difícil que llegó el punto en que era imposible.

Por accidente nos topamos con una solución (al menos, una ayuda). Con frecuencia salíamos de viaje en el carro, Patty, yo y su hermanita mayor. Pensé que sería divertido conseguir libros en cinta de la biblioteca y escucharlos en la casetera del carro para que el viaje no se hiciera tan largo. Así que pedí prestado el "Pony rojo" de Steinbeck, algunos cuentos cortos de Edgar Allen Poe y O’Henry, etc. Y mis dos hijas estuvieron encantadas (yo también). Yo creo que Patty pensaba que el escuchar libros en cinta conllevaba un estigma. Pero una vez que lo hicimos comenzó a darse cuenta que había un montón de cosas que se estaba perdiendo y no disfrutando por su terquedad de leer por medio de los métodos tradicionales. Así que comenzó a escuchar libros en cinta por ella misma y su interés en la lectura renació.

Al paso del tiempo Patti perdió el resto de su vista y decidió por su propia voluntad que tenía que aprender braille y usar la tecnología alterna; desde entonces ha tenido muy pocos problemas. En resumen, durante una época ella pareció haber perdido el interés por la lectura por el solo hecho de no ser "diferente". Fue sólo cuando su hermanita y yo comenzamos a disfrutar la "lectura" en las cintas que ella pudo prescindir de ese sentimiento de ser "diferente" y pudo relajarse y disfrutar. Ahora ella lee muchos libros en cinta, en su programa de Libro Abierto en la computadora y en un grado menor los libros en braille. Un consejo a recordar cuando usted comienza, asegúrese de conseguir cuentos e historias dramáticas e interesantes.