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Invierno 2006 Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

Un Complemento Eficaz: Defensa y Perdón

Por Joan Guthrie Medien, R.D., L.D.
Directora de Programa y Editora
Reimpreso con autorización de Disability Solutions,

Una publicación para las familias y para quienes se interesen en el Síndrome de Down y en los retardos del desarrollo. Si desea más información, visite la página web en <http:www.disabilitysolutions.org/>

Resumen: Una madre comparte su perspectiva respecto a mantener un equilibrio saludable entre ser un defensor efectivo de su hijo impedido y practicar el fino arte del perdón. La autora proporciona una magnífica guía que los padres pueden utilizar para hacer del perdón parte de su juego de herramientas de defensa.

Palabras Clave: Familia, perspectiva de los padres, estrategias de defensa de los padres

Nota del Autor: Este blog del 12 de octubre de 2005 es reconocidamente escrito desde el punto de vista del padre. Sin embargo, todos los conceptos son verdaderos desde la perspectiva de un profesor o persona de apoyo.

Vivir la vida de un defensor de los impedidos puede hacer que el mundo parezca un lugar muy inhóspito para vivir. Por supuesto, mucho depende de su experiencia. Durante la mayor parte del tiempo, los padres de niños que reciben servicios de intervención temprana se sienten nutridos por los especialistas en niñez temprana. Todos están preocupados por el desarrollo y la salud de su bebé y persiguen los hitos típicos junto con usted. Los padres se sientes apoyados cuando los especialistas sugieren estrategias para evitar que el bebé se resbale de su silla, hasta que finalmente se ponga de pie para gatear, o señalice su primera palabra, “más”, la cual más tarde todos lamentarán que haya aprendido. Oigo a muchos padres describir los servicios de Intervención Temprana como un tipo de capullo, que los protege de lo que se encuentra justo a la vuelta de la esquina: los servicios para la etapa escolar.

En el transcurso de los años, he tenido que ser una firme defensora de mi hijo. Recuerdo haber llegado a una “reunión de tormenta de ideas” para descubrir que era una revisión abierta del IEP sin aviso previo. Diecisiete (17) personas sentadas en torno a una mesa sonriéndome gentilmente, asegurándome que no había nada de que preocuparse. Él tenía solo cinco años en ese tiempo. En aquellos primeros años terminaba devastada después de cada reunión. Me sentía exhausta – como si uno de los “Dementores” de Harry Potter me hubiese absorbido todo excepto el último aliento. En tan corto tiempo, la “defensa” se transformó en sinónimo de rabia y frustración.

Desde entonces, he comprendido que ser una eficaz defensora de mi hijo, quien posee impedimentos importantes, significa que hay que tener una piel impenetrable. También significa no pensar en él como mi hijo, o en mí como su madre durante las reuniones o en el escuela. Más bien, se transforma en un acuerdo comercial desde mi perspectiva. Me fuerzo a mí misma a mantenerme sentada y observar la interacción del equipo, escuchar sus comentarios y luego solicitar que me den el tiempo que necesito para procesar la información. Todo debe realizarse con la menor emoción posible. A veces tengo más éxito que otros.

Existen momentos cuando mis sentimientos se apoderan de mí y me siento llena de rabia, dolor, resentimiento – cada sentimiento negativo que podemos describir con palabras y otros que no. Es fácil, quizás demasiado fácil para los padres caer en un constante estado de una fuerte indignación. Una de las mejores cosas de los años en que Andy fue admitido en la escuela primaria fue poder pasar tiempo con otros padres que estaban constructivamente comprometidos con la comunidad escolar, más que sentirse rodeados por la rabia y la frustración durante todo el tiempo. Esto se debía a que la escuela no poseía una “sala de educación diferencial”. Cuando pasó a la escuela intermedia, lloré cuando conocí a algunos padres en su sala, una sala de clases basada en lo visual. Cuando asistí a la primera reunión estaba llena de ira, amargura y culpa. Me sentía como envenenada.

¿Cómo sucedió esto? Estoy de acuerdo en que más a menudo de lo que se cree, los padres tienen mucho por que sentirse frustrados y enfadados. El estar continuamente maniobrando para encontrar a alguien que vea a su hijo como un niño estupendo (en vez de decirle todas las cosas que él no puede hacer) no es fácil. Es imposible vivir bajo el microscopio de la educación diferencial sin sentirse juzgado en algún punto. La “evaluación” no se limita a lo académico, situaciones escolares o fortalezas del niño. La gente tiende a querer saber qué es lo que estamos haciendo en el hogar para enseñar a nuestros hijos.

He estado leyendo algo sobre el perdón durante el año pasado. Estoy cada vez más convencida de que es el eslabón perdido en los esfuerzos por la defensa. El no poder perdonar nos carcome y genera la amargura. La injusticia carga con una vida por cuenta propia; nos consume por entero. Se hace parte de la vida diaria, lo cual significa que su adversario gana.

Mi primera introducción a este concepto provino del libro, How good Do We Have to Be? (¿Cuán Buenos Tenemos que Ser?) escrito por Harold Kushner. Cuenta la historia de pedirle a una mujer cuyo marido tuvo una relación extramarital, la abandonó y se retrasó permanentemente en los por la mantención del niño que perdone a su esposo. Cuando se le preguntó cómo podía sugerir una cosa así, él contestó, “No le estoy pidiendo que lo perdone porque lo que él hizo no fuera tan terrible; sin duda lo fue. Estoy sugiriendo que lo perdone porque él no se merece tener el poder para convertirla en una mujer amargada y resentida”. Para mí, aquel fue un giro para poder perdonar a alguien.

Lo último que mis hijos necesitan en una madre amargada, resentida, llena de ira, y yo tampoco quiero ser esa persona. Disfruto la vida y me gusta revelarme en las cosas buenas, grandes y pequeñas. Me encanta observar a mis hijos aprender y crecer, cada uno a su propio ritmo. Disfruto ser útil y buscar soluciones o pasos constructivos a las situaciones abrumadoras. Me gusta reír. Deseo ser una persona agradable, afectuosa, no una persona agria, negativa y malhumorada. Quiero ser capaz de llegar a la comunidad escolar de mi hijo y ser la persona que era antes de que la educación diferencial entrara en mi vida.

Al igual que muchas personas, me pregunto si debo perdonar a personas que me han hecho daño – intencional o no –. También concuerdo que nada malo sucedió. Lo que he aprendido es que no tengo que hacerlo. Tuve que aprender lo que es el perdón, y lo que no es. A continuación les presento parte de lo que aprendí:

El perdón es:

El perdón no es:

Creo que el perdón fortalece mi capacidad de defender en forma eficaz. Al dejar ir el resentimiento y la ira, la gente está más dispuesta a hablar y solucionar el problema. Es menos probable que se preocupen de que la discusión derive en una batalla con un padre furioso. Recuerde, el perdonar a alguien no significa que éste no sea responsable por sus acciones. Nadie pierde sus derechos por perdonar una injusticia.

El aprender sobre el perdón me ha dado mucho en qué pensar. ¿He verdaderamente perdonado cada situación por la cual siento resentimiento? No, pero me estoy esforzando en ello. Estoy aprendiendo que es más difícil perdonar aquellas cosas que he mantenido por un largo tiempo – como el IEP que mencioné anteriormente – que los acontecimientos recientes. Tal vez nuestra respuesta a las situaciones se hace tan innata que cambiar la forma en que nos sentimos con relación a ellas toma tiempo y trabajo. Después de todo, no se pretende que el perdón sea fácil, si se da en forma correcta.

En estos días no me enfado tan fácilmente en reuniones sobre mi hijo, aunque tengo mis momentos. Estoy tratando de recordar que debo analizar verdaderamente la situación, desmenuzar las lecciones y luego trabajar sobre el perdón. Se siente mucho más saludable. Y estoy mucho más feliz por el trabajo.

Cuídense todos.


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Last Revision: September 1, 2010