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Invierno 2002 Tabula de Contenido
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El Caso de la Visión Débil

Por Dennis Dickinson, Maestro Itinerante de los Visualmente Impedidos
para el ISD de Gilmer, el ISD de Ore City, el Condado Harrison y el Condado Upshur

Las personas con debilidad visual, según cualquier estimación, constituyen la vasta mayoría de la población visualmente impedida. Sin embargo, después de más de medio siglo de que ha sido reconocido este hecho, permanece la controversia sobre la manera en que deberá ser tratado por los educadores y los profesionales en rehabilitación. En realidad, no debo decir “ellos”, porque este artículo está escrito por una persona así. Soy un individuo maduro con visión débil. Además, soy el esposo de una persona visualmente impedida, el padre de dos hijos adoptados, un conductor de visión débil, y he sido el maestro de alumnos con impedimentos visuales durante más de 25 años. Reconozco enseguida que tales credenciales no me dan la autoridad para hablar a nombre de todos los miembros de la población con debilidad visual. Sin embargo, siento que represento a muchos en esta población que simplemente desean que sea escuchada nuestra voz.

La población con visión débil es por naturaleza un grupo extremadamente diverso. En sus extremos, incluye, por un lado, a personas con ligera percepción, y por el otro, a quienes pueden leer libros de bolsillo y periódicos sin ninguna ayuda o dispositivo. Yo afirmaría que a pesar de esta diversidad, la población con visión débil tiene determinadas características únicas que la colocan aparte tanto de las poblaciones de los “completamente con sentido de la vista” y los “invidentes”. Estas características son:

  1. Los individuos con visión débil no tienen las mismas capacidades que la gente con visión “normal”.
  2. Los individuos con visión débil no tienen las mismas características que las personas invidentes.
  3. Los individuos con visión débil tienen necesidades únicas que los coloca aparte de ambas poblaciones.

Como miembro de este grupo de personas, también creo que hay tres necesidades únicas que deben ser atendidas por los educadores y por los profesionales en rehabilitación.

NECESIDADES ÚNICAS DE LA POBLACIÓN CON VISIÓN DÉBIL

Nuestra visión debe ser medida con precisión.

Para decirlo sucintamente, “¡LA VISIÓN DÉBIL, NO ES UNA VISIÓN!” La definición legal de ceguera corresponde a una agudeza visual de 20/200 en el mejor ojo con la mejor corrección de un campo visual de 20 grados o menos. Aunque esta definición parezca precisa, es en ocasiones subjetiva. Cualquier especialista ocular que utilice una tabla que no mida agudezas entre 20/100 y 20/200 podrá otorgar “el beneficio de la duda” y declarar al(a) paciente “legalmente invidente” para darle a la persona el acceso a más servicios. Por lo tanto, un individuo que lea letra impresa normal sin ayuda, se arriesga a ser ubicado en la misma categoría de aquellas personas que tienen un grado mucho menor de funcionamiento visual. ¿Por qué, en un medio ambiente en el que se mide el tiempo en milisegundos y en el que la venta de gasolina se mide en milésimas de galón, seguimos considerando a “cuente los dedos” como una forma viable de medir la capacidad visual? ¿Por qué continuamos aferrados a un estándar anacrónico? Desafortunadamente, todavía suceden malos entendidos y errores. La definición “legal de ceguera” ni siquiera es la misma en todos los países. Es simplemente una manera de designar a la gente con visión 20/20 para determinar su elegibilidad para servicios gubernamentales.

Un truismo repetido con frecuencia en el campo de los impedimentos visuales, es que una persona con visión plena obtiene el 80 por ciento de su información acerca del mundo, visualmente. En el caso de una persona con visión débil, de todas maneras está recibiendo la mayoría de sus estímulos sensoriales por medios visuales. El punto en el que 80% se vuelve 50% o 5% no es algo fácil de determinar. Los intentos por establecer un “porcentaje” de pérdida de la visión fallan con frecuencia al no considerar otros factores distintos a la agudeza visual. En mi opinión, si un individuo demuestra un buen funcionamiento visual, su visión deberá someterse al “beneficio de la duda” cuando se considere la programación educativa y la rehabilitación. Ciertamente, no merece ser ignorado como si no tuviera importancia alguna.

Debe ser obvio que la simple medida de la agudeza visual no es suficiente para tomar decisiones concernientes a la educación o a la rehabilitación de una persona. También deben tenerse en cuenta otros factores, especialmente cuando tienen un efecto tan profundo en la programación. El campo visual, los efectos de diferentes condiciones de iluminación y la naturaleza de la condición del ojo, incluyendo la prognosis, la edad del inicio, y el funcionamiento cognitivo, son componentes importantes del funcionamiento visual. Aunque la mayoría de estos aspectos se han incluido desde hace mucho tiempo en el Formato de Reporte Ocular del Estado de Texas (State of Texas Eye Report Form) la experiencia demuestra que todos estos factores raramente se toman en consideración. No obstante haber muchos especialistas oculares y clínicas de visión débil buenos que pueden ayudar en gran medida a las personas con esta discapacidad, son necesarias evaluaciones visuales más precisas para garantizar que se tomen las medida apropiadas.

Nuestra visión debe respetarse.

Se ha documentado muy bien que el funcionamiento visual de una persona depende de una gran variedad de factores. Además de la agudeza visual, del campo visual y de la naturaleza de la condición ocular, factores como la iluminación, la visión de color y la experiencia visual, juegan también un papel significativo en la capacidad de un individuo para utilizar información visual. Esta es la razón por la que los educadores realizan Evaluaciones de Visión Funcional (Functional Vision Evaluations) y Valoraciones de Medios de Aprendizaje (Learning Media Assessments); para determinar, de manera individual, las capacidades visuales de cada alumno(a). La Valoración de Medios de Aprendizaje efectúa recomendaciones sobre aquellos medios que resultarán más efectivos, así como las modificaciones que habrán de realizarse para permitir que un individuo funcione a su máximo potencial. Admitimos que tales valoraciones no son perfectas. Ninguna evaluación que dependa de la observación y de un contacto limitado con un(a) alumno(a) puede presentarse como tal. Esta es la razón por la que la valoración se repite por lo menos cada tres años, y no se utiliza como el único factor para tomar decisiones educativas. Se considera junto con información médica, con la evaluación de diagnosticadores educativos, de maestros y otros profesionales de la educación, así como con información de los padres.

En último término, la persona mejor calificada para hablar sobre las necesidades visuales es la persona con visión débil. En el caso de niños pequeños y de gente con múltiples discapacidades, la determinación debe hacerse por medio de la observación, de entrevistas con los cuidadores, de juicios profesionales, y otras formas. Sin embargo, en el campo de la educación, es una decisión que se basa en las características de cada individuo. Es nuestra función como educadores ayudar a que los alumnos se vuelven cada vez más conscientes no sólo de su condición visual, sino también de las adaptaciones necesarias para funcionar en un mundo visual como miembro productivo de dicha sociedad. Es la responsabilidad de cada persona demostrar qué papel tendrá el impedimento visual en su vida. Cuando hacemos conjeturas acerca de lo que significa un impedimento visual, corremos el riesgo de limitar lo que una persona pueda ser capaz de lograr en última instancia.

Una persona con visión débil debe tener acceso a una amplia gama de herramientas.

Las herramientas de alfabetización de una persona con visión completa son leer y escribir. Las herramientas de ese tipo para una persona totalmente ciega son la lectura y la escritura de Braille. Ambas poblaciones utilizarán seguramente tecnología de computadora, habilidades para escuchar y otras entradas sensoriales para complementar dichas herramientas. La persona con visión débil puede usar ya sea alguna o ambas de tales opciones alfabetización. Además, este individuo puede usar una gama de herramientas adicionales, incluyendo la letra impresa amplificada, lupas, ayudas telescópicas, software de pantalla para aprender y otros dispositivos para mejorar las habilidades de comunicación. Al negar cualquiera de tales recursos, especialmente el acceso a la letra impresa, a todos aquellos capaces de utilizarla, se limita el potencial del individuo. Estoy seguro de que nadie en el campo de la educación o de la rehabilitación, o el consumidor de tales servicios, quiere ese desenlace.

Escribo estas líneas como miembro del componente numéricamente mayor de la población con visión débil. Me refiero a todos aquellos cuya agudeza visual es mayor a 20/200. No creo que exagere el punto cuando afirmo que la mayoría de nosotros nos concebimos como gente básicamente visual. Con frecuencia no nos identificamos con la población “legalmente invidente”. Francamente, nuestra meta es mezclarnos con el resto de la sociedad en la medida de lo posible y atraer la menor atención que se pueda. En consecuencia, también fallamos con frecuencia para hablar sobre aspectos que afectan la programación para personas con impedimentos visuales. No es mi propósito criticar a ninguna agencia o individuo en particular. Más bien, clamo simplemente el reconocimiento de que las personas con debilidad visual son una población distinta con capacidades y necesidades que la distinguen tanto de la población completamente invidente como de la que tiene un sentido de la vista completo. Como grupo distinto, esta población se merece decisiones de programación que estén basadas en sus necesidades y características únicas. Merece evaluaciones de la vista más precisas, respecto al uso del individuo de todos los canales sensoriales a su disposición, así como el acceso a una creciente disponibilidad de las herramientas para la alfabetización y para la vida que vayan dirigidas a responder las necesidades únicas de la población con debilidad visual.


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Last Revision: September 1, 2010