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Invierno 2001 Tabula de Contenido
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Una madre orgullosa

Por Ann Elliott, Madre, Wichita Falls, Texas
ELLTANN@juno.com

Mi esposo Dale y yo tuvimos el privilegio de acompañ a nuestro hijo, Caleb, a Irving, Texas a la Extravagancia Deportiva del 13 de octubre del 2000. Caleb es ciego; por lo tanto, fue elegible para participar en los eventos deportivos. Estuvo en el grupo de los 11-12 años de edad. Las competencias para ese grupo incluyeron una carrera de 100 y una de 25 metros. También compitieron en salto en ancho, a encontrar la pelota sonora, tirar la pelota blanda, golpear la pelota sonora de una T y otras áreas de juego con pelotas.

Este evento, justamente pisando los talones de los Juegos Olímpicos de Australia, no resultó pálido en comparación. Yo me emocioné al ver el orgullo y el esfuerzo realizado por cada atleta. Era obvio que se habían preparado muy bien. Los entrenadores y los oficiales tomaron el trabajo con mucha seriedad. Esperaban muchísimo de sus atletas y ellos no los desilusionaron. Las compensaciones por el arduo trabajo las vimos cuando se entregaron los premios. Los orgullosos atletas tomaron correctamente sus posiciones en el podio y se les entregaron medallas de oro, de plata y de bronce. Los del cuarto lugar recibieron una condecoración. Fue muy emocionante ver el orgullo en las caras de todos los niños. Este fue un ambiente en donde pudieron competir con sus compañeros y “que gane el mejor”. No importó que alguien fuera ciego, discapacitado de la visión o hasta en silla de ruedas. Cada uno hizo su mejor esfuerzo y fue recompensado. ¡Una de las recompensas más importantes fue el aliento y la valoración de ellos mismos!

La competencia de gol de pelota para los atletas más grandes se realizó el vierne a la noche. Fue una competencia feroz con cada equipo jugando tan bien como les fue posible. Había equipos de tan lejos como de la Escuela para ciegos de New Mexico.

Caleb volvió a casa con tres medallas de plata, dos de bronce y una condecoración. Las compartió con sus seis compañeros de clase y una clase de Jardín de Infantes donde él es mentor. Cada chico estaba impresionado. Yo no creo haber visto nunca este sentimiento de orgullo en mi hijo. Compitió con todas sus fuerzas sabiendo cómo hacerlo y fue recompensado.

Me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecer a todo el personal, el Club de Leones de Irving por ofrecer un almuerzo tan agradable y a todos los maestros que acompañaron a los atletas y los animaron. Sin ustedes, este evento no hubiera sido posible de realizar. Sin ustedes, muchos chicos no podrían haber viajado hasta Irving. Sin ustedes, nuestros hijos no estarían donde están hoy. ¡Muchas gracias!


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Last Revision: September 1, 2010