TSBVI logo | Home | Site Search | Outreach | Ver/Oír Indicio |

Verano 2002 Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

¿Qué es lo que Sigue?

Por Gayla Valle, Madre de Familia, Anchorage, Alaska

Reimpreso bajo licencia de SESA Newsletter, Primavera 2002

Todos los padres anticipan las etapas en las vidas de sus hijos. Esperamos que lleguen a ellas la mayoría de ellos –sus primeras palabras, sus primeros pasos, el primer día de escuela. Otras las aguardamos con aprensión –la primera rabieta, la primera noche fuera de casa, los primeros signos de madurez sexual. Como la madre de dos hijos adolescentes, yo no esperaba tales cosas –y no estaba preparada para cuando sucedieran.

Mi hijo menor, que ahora tiene 14 años, padece síndrome de Down. Cuando, en el sexto grado, los signos inconfundibles de la pubertad se volvieron aparentes, yo estaba sorprendida. Supongo que había pensado que, con el síndrome de Down, hablar, caminar, y muchas otras tareas de desarrollo se retrasaban… ¿se retrasaría también la pubertad? ¿No se suponía que eso ocurriría mucho después? ¿Como a los 21 años? Me parecía tan injusto ¡pero la pubertad llegaba justo a su hora! De hecho, por primera vez, era el primero de su clase, pero de una forma que yo no estaba preparada para enfrentar.

¿Cómo le comunica usted estas importantes realidades a un chico que casi no tiene habla? ¿Cómo garantiza su seguridad y la seguridad de los demás? ¿Cómo le ayuda usted a encontrar una manera saludable y apropiada de lidiar con estos confusos sentimientos? ¿Cómo lidia usted con sus propios sentimientos acerca de su crecimiento, de volverse sexualmente maduro, alejándose de usted e ingresando a la edad adulta? ¿Cómo puede hacer que su escuela le ayude?

Como muchos otros retos que hemos enfrentado, usted comienza a hablar con las personas que una piensa que pueden ayudarle. Usted comienza a leer. Usted comienza a hacer preguntas. Usted comienza a ver lo que ya ha hecho para haber traído a su hijo hasta este punto –enseñarle acerca de la privacía, de los toques aceptables y no aceptables, el nombre de las partes del cuerpo. ¿Pero qué es lo que hace usted cuando lo encuentra viendo los anuncios de lencería en su pila de catálogos? ¿Qué es lo que usted hace cuando otra chica le dice a la maestra que su hijo la tocó de una manera que la asusta o que la hace sentirse incómoda? No tengo las respuestas para todo esto.

La inclusión ha sido parte de nuestras vidas desde el principio. Hemos tratado de dar forma a nuestras vidas para incluir tantas actividades normales y típicas como sea posible. Los beneficios han sido importantes y aparentes, y no los cambiaría por nada. Si hay algo que le proporciona alegría a mi hijo, es ser como todo el mundo. Pero la adolescencia ha traído consigo aspectos inesperados de inclusión a un primer plano. ¿Qué hace usted cuando sus esfuerzos hacia la inclusión se topan con el desarrollo sexual normal? ¿Cuando su hijo y sus compañeros que se desarrollan comúnmente demuestran interés sexual entre sí en las maneras en que siempre lo hacen?

Usted descubre enseguida que mientras su hijo con discapacidad podría ser tolerado como compañero de laboratorio o en un proyecto de lectura entre compañeros, ya no será bien recibido para participar en actividades sexuales/sociales que son en buena medida parte del crecimiento en nuestra cultura. La inclusión ha traído consigo la exposición a las mismas películas, juegos, programas de televisión, clubes, deportes y otras actividades de tiempo libre que disfrutan los niños de nuestra sociedad. Mi hijo no ha estado aislado o protegido de la exposición de los mensajes sexualmente estimulantes que le enviamos a todos los niños, les guste o no. Pero ahora, en el umbral de la madurez sexual en una vida que contiene casi exclusivamente compañeros no discapacitados, resulta claro que esta puerta de inclusión no se abrirá. Sus atenciones, sus deseos, sus necesidades no son bienvenidas. ¿Qué es lo que debe hacer mi hijo? ¿Qué es lo que yo debo hacer?

Estos son los retos delante de mí, y tal vez de usted. Yo he tenido que reformar o repensar unas cuantas creencias acerca de la inclusión cuando la veo desde este punto de vista. No tengo respuestas. Tengo un niño adorable y activo que quiere ser como todo el mundo, una meta por la que he trabajado duro conforme he tratado de formarle una vida buena para él. Ahora, me pregunto si no hubiera sido mejor para él haberse criado con expectativas diferentes –si mayor número de oportunidades para la interacción con los demás con discapacidades lo hubiera conducido a un ambiente más acogedor para su madurez social y sexual. No hay respuestas fáciles, no hay caminos libres de obstáculos. Predigo que esta lucha que estoy experimentando es una que muchos otros comparten o compartirán en el futuro. Juntos, tal vez podamos clarificar nuestra comprensión de las necesidades de nuestros hijos y cómo responder mejor a ellas. Como lo hemos oído (y dicho) muchas veces, “Ellos no vivirán por siempre.”

10 Consejos: Hablar Sobre Sexualidad con Su Hijo con Discapacidades de Desarrollo

Reimpresobajolicencia de Planned Parenthood of Tomkins County, Ithaca, NY <http://www.sextalk.org>


| Verano 2002 Tabula de Contenido | en via a Email de Ver/Oír |

Please complete the comment form or send comments and suggestions to: Webmaster

Last Revision: September 1, 2010