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Primavera 2006 Tabula de Contenido
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¿¿Quién Soy??

Por Mary Sue Welch, Miembro del Directorio de la TSBVI, Dallas, TX

Resumen: Un Miembro del Directorio de la TSBVI comparte sus recuerdos de esta escuela y reflexiona sobre la forma en que ellos han tenido influencia en la persona que ella es hoy día.

Palabras Clave: familia, ciegos, discapacidades visuales, experiencia personal, Historia de la TSBVI .

Nota del Editor: El siguiente es un extracto de la contribución de Mary Sue a la página dedicada a los Recuerdos del Sesquicentenario en el sitio web de la TSBVI. Lo invitamos a leer por completo su fascinante artículo en <http:www.tsbvi.edu/school/sesq/memories.htm>. ¿Tiene alguna anécdota divertida sobre la escuela? ¿Se encariñó con alguno de los profesores que tuvo aquí? Por favor, contribuya con su propia historia o con una historia sobre sus amigos o familiares que pudieran haber asistido a esta escuela.

Mi vida no siempre ha sido un cuento de hadas como es hoy. Actualmente, vivo en el piso número 23 de un edificio muy alto en el centro de Dallas con una maravillosa vista de la ciudad. Mi esposo (que también es ciego) tiene un buen trabajo y compró un automóvil Mercury Monterrey nuevo, de color negro, que es conducido por un maravilloso joven. Este joven me lleva de compras y facilita nuestras vidas de muchas maneras. No, no siempre he tenido una vida así.

Fui la hija ciega de una familia blanca, vidente, de clase media de Huntsville. Sí, mi madre, mi padre, mi hermano Walter Charles, mi medio hermano Tommy y mi media hermana Marie eran todos videntes. Tenían otros problemas, pero ninguno era ciego. Mi madre dice que mi nacimiento fue tormentoso y que ella experimentó grandes dolores físicos. Muy a mi pesar, ella nunca me describió como un bebé hermoso. En realidad, me dijeron que tenía una tez azulada y que nunca tuve los ojos abiertos cuando me llevaban a mi madre en el hospital.

Mi madre simplemente pensó que estaba dormida todo el tiempo, pero mi padre se preocupó. El día que llegué a casa, mi padre me llevó al dormitorio y me alumbró en los ojos con una linterna. Mi ojo derecho respondió, pero el izquierdo no hizo absolutamente nada. Después de compartir sus preocupaciones con mi madre, ellos se separaron. Cuando tenía seis semanas de edad, comenzamos las visitas a los oftalmólogos que duraron hasta que tenía tres años, cuando un médico de Austin le dijo a mis padres que no se podía hacer nada respecto a mi visión. Les recomendó que planificaran enviarme a la Escuela para los Ciegos de Texas y que me preparara para mi vida como una persona ciega. Realmente, creo que las cosas fueron más fáciles para mis padres en ese momento porque sabían qué esperar.

Me fui de casa para asistir a la Escuela para los Ciegos de Texas el 26 de septiembre de 1954, el día después de cumplir seis años. Temprano ese domingo en la mañana, mi abuela materna tuvo un derrame cerebral. Mi madre estaba desolada, pensando que perdía a su madre y a su niña. A pesar de eso, mis padres me pusieron a mí y a mi equipaje en el automóvil y me llevaron a Austin. Fue un acto muy generoso que les agradezco hasta hoy.

Les dijeron que no podrían visitarme ni llamarme durante tres semanas. Les explicaron que yo necesitaría ese tiempo para aclimatarme a mi nuevo entorno. Me dejaron jugando en los balancines con mi primer amigo en la escuela. Todo estuvo bien hasta la noche, pero entonces comencé a extrañar mi casa. Los padres de turno en la residencia no eran muy cariñosos, así que lloré hasta que pude quedarme dormida sin recibir consuelo de nadie. No se permitía que los niños salieran de la cama, pero ellos habrían ido a consolarme si hubieran podido. Los padres de la residencia pensaron que sería mejor que aprendiera por medio del sufrimiento y así lo hice.

A la mañana siguiente, realmente comencé mi entrenamiento para adquirir independencia ya que aprendí a hacer mi cama. Me imagino que fue un desastre, pero ahora puedo hacerla bastante bien.

Mi profesora de primer grado tenía una voz muy hermosa. Ella era tranquila y amable y la quise mucho. Comenzó a trabajar conmigo en Braille de inmediato. Me encantó y aprendí rápido. Todavía me gusta el Braille y estoy tomando un curso para ser transcriptora de Braille certificada ahora que ya soy vieja.

Recuerdo mi primera visita a la biblioteca de la escuela como un hecho que marcó mi vida. Estaba fascinada con tantos libros en un solo lugar. Con el transcurso de los años, pasé gran parte de mi tiempo estudiando y leyendo en la biblioteca. Los libros han seguido siendo una verdadera fuente de placer para mí durante toda mi vida. Agradezco a nuestra maravillosa bibliotecaria por incentivar mi amor por la lectura y mi deseo por saber más sobre los demás. Probablemente ella estaría un poco desilusionada si supiera que los libros que más me gustan son las novelas de misterio y las con tramas legales. Creo que ella habría querido que me gustaran los clásicos.

Aunque nunca fui buena en música, tomé lecciones de piano durante 7 años. Mi profesora de piano siempre me incentivó. Me decía que aunque nunca pudiera tocar bien, aprendería mucho sobre la confianza en mí misma y la serenidad gracias a mi entrenamiento musical. Pienso que fue a partir de esos días que desarrollé el gusto por hablar en público. Mi música también logró mi aceptación como una adolescente en mi grupo de Rainbow Girls. Yo era músico y eso era mucho para las niñas que no podían tocar ningún instrumento. A propósito, ingresé a las Rainbows con la ayuda de mi profesora de cocina en la escuela. Le mencioné que estaba interesada y ella me presentó a sus amigas que me auspiciaron.

Me gradué de la Escuela para los Ciegos de Texas en 1966. Asistí a la escuela durante unos años muy interesantes. Más que las grandes aceras que dividen el campus en la mitad, separando el lado de las niñas del de los niños. Incluso dentro del edificio principal, había escaleras y fuentes de agua separadas para los niños y las niñas. Y por supuesto, nos sentábamos en lados separados en el auditorio. Hasta que tuve 16 años, tenía miedo de beber de la fuente de agua de los niños por temor a quedar embarazada. Debíamos tener mucho cuidado de tomarnos las manos en el pasillo porque si el director nos veía hacer eso, la pareja daría mucho que hablar. Teníamos una calificación en conducta y una vez tuve una C simplemente porque bebí de la fuente de agua equivocada. ¿O fue porque me sorprendieron besándome en la fuente? Fue una de las dos. De todas maneras, tuve problemas en casa y en la escuela.

Cuando pienso en mis días en la Escuela para los Ciegos de Texas, recuerdo todo tipo de sonidos y aromas. Aún percibo algunos de ellos cuando visito la escuela. El edificio principal aún huele a libros – no sólo a libros – a libros en Braille. El timbre no es exactamente el mismo que cuando yo era estudiante, pero me encanta oírlo sonar. Aunque sé que puedo usar cualquiera de las escaleras, sigo usando la “escalera de las niñas”. ¡Sólo esa es la correcta!

Recuerdo especialmente las mañanas de invierno. Usábamos radiadores de vapor para calefaccionar nuestros dormitorios. Muy temprano en la mañana me despertaba el sonido de esos radiadores mientras se calentaban. Sonaban con un ruido estrepitoso y luego silbaban y me encantaba oír todo ese ruido. Me sentía segura. Me aferraba a uno de mis libros en Braille y leía hasta que sonaba el timbre para despertarnos.

La primavera era casi tan buena. Teníamos reuniones los lunes, miércoles y viernes en el auditorio de la escuela. Los miércoles eran nuestros favoritos. Casi siempre teníamos recitales de estudiantes ese día. Las ventanas del auditorio estaban abiertas. Los pájaros cantaban y nuestros amigos hacían sus presentaciones. Eran momentos maravillosos para todos nosotros.

Como una pequeña niña en la escuela, me encantaban los días de lluvia. A veces los padres de la residencia nos preparaban dulces de chocolate o palomitas de maíz. Escuchábamos historias en la radio o simplemente jugábamos adentro. Teníamos pequeñas sillas en el dormitorio justo de nuestro tamaño. Aún podía ver un poco entonces y recuerdo que estaban pintadas de color rojo, azul, verde y amarillo. Reuníamos todas las sillas en la parte de atrás del dormitorio y construíamos un bote – al menos lo que percibíamos como un bote.

Los sábados asoleados, a menudo íbamos a patinar afuera o jugábamos juegos como Red Rover, Red Rover. Esto sólo podía suceder después de que terminábamos nuestras tareas domésticas. Siempre teníamos que hacer nuestras camas, sacudir los muebles, limpiar el piso y limpiar los radiadores. No nos desagradaban esos trabajos. Nos daba la sensación de estar a cargo de nuestros dormitorios. Al menos eso era lo que yo sentía. Aprendíamos responsabilidad y cómo cuidarnos nosotros mismos y nuestros hogares.

En mi último año en la escuela tuvimos a un nuevo superintendente. Bill Allen había sido el superintendente por 40 años y jubiló el año en que nuestra escuela fue integrada. El nuevo superintendente tenía a sus propios niños y las cosas en el campus cambiaron enormemente. La integración se realizó sin dificultades, al menos yo no supe que hubiera dificultades hasta hace poco, cuando leí la historia publicada aquí por Gene Brooks. Simplemente estábamos felices por conocer a algunos chicos nuevos. Por primera vez tuvimos un Consejo de Estudiantes y votaron por mí como presidente. También tuvimos por primera vez un anuario y yo fui co-editora de The Wildcat. También gané el prestigioso premio Crisco por mis habilidades para cocinar y para coser.

La graduación fue triste y emocionante, como lo es para todos los jóvenes alrededor del mundo. Planeaba ir al college, pero estaba terriblemente asustada de que nunca pudiera aprender a movilizarme por el campus. Aunque había sido miembro de la Sociedad de Honor Nacional, no tenía mucha confianza en mi habilidad de aprender sin el apoyo de la escuela. Además, estaba enamorada, así que cuando tuve la oportunidad, opté por el amor y me casé poco después de cumplir 18 años.

Tengo la fortuna de participar en el Directorio de la TSBVI. Me da un gran placer compensar en algo a la escuela que me enseñó independencia y confianza en mí misma. Aquellos viejos edificios me refugiaron y creo que muchos de nuestros profesores realmente nos amaban. Este lugar, esos tiempos, me ayudaron a ser lo que soy hoy día.

¡Esa es la pregunta! ¿Quién soy? Soy una profesional, una esposa, una madre y una persona ciega. ¡Soy yo! Y eso me hace muy feliz.


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Last Revision: September 1, 2010