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Primavera 2004 Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

Introducción del editor: Continuando con la serie de artículos centrados en la familia, sobre el Currículum Central Expandido, esta edición aborda el tema de la alfabetización. Les pedimos a George Toone y a Jonathon Taylor que compartieran con nosotros su opinión respecto de qué habilidades compensatorias encontraban útiles para acceder al mundo de la alfabetización. Ambos eligieron compartir con ustedes lo que el sistema de escritura braille ha significado para ellos. Y le solicitamos a Melanie Knapp, quien escribió un artículo sobre su experiencia de planificación centrada en la persona en la edición anterior, que compartiera con nosotros su historia de leer un libro de experiencias con su hijo para ilustrar cómo la alfabetización es importante para todas las personas, incluyendo a los individuos con discapacidades múltiples como la sordera y la ceguera. También se incluyen otros artículos en esta edición, que abordan temas adecuados para esta época del año. Como nuevamente es tiempo de planificar las actividades de verano para nuestros hijos, asegúrense de revisar el directorio de campamentos actualizado en < www.tsbvi.edu/Education/camps.htm > . Cuando visiten este sitio, busquen en los archivos de Ver/Oír artículos sobre campamentos y actividades de verano. Finalmente, espero que mientras disfruten de la belleza de la primavera, cada uno de ustedes se dé un momento para reflexionar sobre lo maravillosos que son nuestros hijos y de todo lo que nos entregan.

Las flores de la primavera renuevan un especial lazo con mi Meredith

Por Sarah Barnes, madre, Austin, Texas

Resumen: Una madre se ve reflejada en el crecimiento de su hija.

Palabras clave: Ciego, familia, historia personal.

Nota del editor: Sarah Barnes escribe ocasionalmente para el American-Statesman de Austin sobre las alegrías y los desafíos que implica criar a un niño con necesidades especiales. Ella amablemente nos permitió volver a publicar uno de sus artículos, aparecido originalmente el 4 de mayo de 2003. Aunque no conozco personalmente a Sarah o a su familia, siento que sí los conozco, ya que he seguido sus vidas a través de sus artículos (Ver/Oír, otoño 2001, otoño 2002). Le agradezco a Sarah por haber compartido su viaje, y créanme que ustedes también sentirán esta conexión. Este artículo no puede volver a imprimirse en otras publicaciones o sitios web sin el consentimiento de Sarah Barnes. Si quiere contactarse con ella puede hacerlo en adifferentroad@aol.com.

El jazmín ya está casi listo para florecer en mi jardín, y los chivirines de Carolina han regresado para hacer su nido sobre nuestra puerta del frente. Amo el sentimiento de la primavera, época del suave despertar de la naturaleza, antes de que el verano, con su aliento de fuego, haga su aparición.

 Es la época en la que los frescos vestidos de primavera hacen que mis dos hijas luzcan absolutamente perfectas, antes de que los rasgones, las manchas y las barrigas más abultadas me fuercen a sacar nuevamente la caja de ropa sin usar.

Sin embargo, en los últimos años la primavera ha sido también la época que me recuerda que las estaciones van y vienen con la certeza del reloj, pero que la vida no es tan cierta.

Cuando mi hija Meredith recién había nacido, la llevé al jardín para que viera el jazmín florecer. Le dije que cada año volvería mágicamente para su cumpleaños, el 2 de mayo. Ella dormía en este primer momento de conexión entre madre, hija y naturaleza, pero no me preocupé.

Al año siguiente, la llevé a ver las verdes enredaderas con sus flores blancas, tomé una flor y la acerqué a su nariz. Ella sonrió ligeramente y parecía saber que se trataba de algo especial. En ese momento... yo ya sabía que ella también era especial.

Entre estas dos primaveras, las primeras en la vida de mi hija, le diagnosticaron un retraso físico y cognitivo a causa de un cerebro poco desarrollado. Supimos el diagnóstico por teléfono, en una noche de invierno inusualmente fría, a comienzos de diciembre.

Cada diciembre aún derramo mentalmente lágrimas al recordar ese momento, en el que envejecí 50 años en cinco minutos. Entonces no sabía qué esperar. La realidad era que Meredith no caminaría por varios años más ni pronunciaría ni una sola palabra hasta los 4 años de edad.

Sólo podía seguir pensando en su retraso en el desarrollo, y con la llegada de la primavera, simplemente tenía que llevar a mi hija al jardín para ver su metamorfosis.

“¡Mira esto, mamá!” ha sido su más reciente frase, y la repite una y otra vez mientras recorre nuestro jardín de punta a punta. Al parecer, este año ha logrado más fuerza y resistencia en sus piernas. Aún se me pone la piel de gallina al ver a mi pequeña niña moviéndose y hablando al mismo tiempo.

Me encanta ver cómo ella y su hermana de 2 años, Caroline, pueden pasar una tarde entreteniéndose con las pilas de hojas que han caído del roble y las flores “sorpresa” que aparecen después de una lluvia de primavera.

Quizá, la primavera es para mí un descanso metafórico. Es la adorable prueba de que la rudeza de un recuerdo invernal se derrite con la llegada de abril.

Si Meredith fuera un pajarito recién nacido, ahora estaría casi lista para abandonar el nido. Afortunadamente, los humanos nos quedamos para recibir más educación. Las cosas no son tan simples como ser  capaces de hacer sobrevivir los elementos y reproducirlos. Tenemos la oportunidad de detenernos a oler las flores y conversar sobre ellas. A veces pienso que el hecho de que Meredith entienda estas sutilezas es mucho más importante que dé pasos perfectos  o produzca oraciones completas.

El viernes, por sexto año, ambas fuimos al jardín para recordar otro cumpleaños. Muy feliz cumpleaños, Meredith. El jazmín está floreciendo nuevamente, igual que tú.


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Last Revision: September 1, 2010