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Primervera 2002 Tabula de Contenido
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Cuando Empiezo a Esquiar, No Puedo Parar

Por Rebecca Soto, Estudiante y Esperanza Paraolímpica, San Antonio, Texas

Nota de la editora: Están a punto de conocer a una joven mujer impresionante. En sus propias palabras, Rebecca describirá sus experiencias en el aprendizaje sobre cómo esquiar y la importancia de esta actividad en su vida. Ustedes se sentirán emocionados por su historia. Si quieren saber más sobre las experiencias como esquiadora de Rebecca o de sus planes para participar en los Juegos Paraolímpicos del 2006 en Italia, puede comunicarse con ella a rebeccaskier@killamail.com. Rebecca también hablará en la Conferencia TAER Estatal el año próximo, del 24 al 26 de abril del 2003. Si usted quiere ayudar a Rebecca a conseguir su meta de ir a Italia contribuyendo a incrementar sus fondos para esquiar, por favor gire un cheque pagadero a la orden de: Rebecca Soto, Paralympic Ski Fund c/o Patrick Peranteau en Goldstein, Goldstein & Hilley, 310 S. St. Mary’s St., Suite 2900, San Antonio, TX 78205.

Mi nombre es Rebecca Soto. Tengo 18 años de edad y curso el primer año de la Escuela Preparatoria Jefferson en San Antonio, Texas. Vivo con mi madre adoptiva, Jan Peranteau.

Nací con retinopatía por ser prematura. Recuerdo haber visto luz cuando era más pequeña, pero ahora soy totalmente ciego. Siempre he sido muy activa. Me encanta saltar en mi trampolín, andar en una bicicleta tándem con alguien más y subirme a las changueras. Así que me entusiasmé mucho el día en que mis padres, Jan y Pat, me dijeron que se habían enterado de un programa para esquiar dedicado a gente con discapacidades. Me preguntaba si algún día tendría la oportunidad de aprender cómo esquiar.

Algunas semanas más tarde, mis padres me anunciaron que iría a esquiar en marzo. El programa de adaptación para esquiar, Challenge Aspen, me había otorgado una beca. Viajaría con una de las secretarias de la oficina de mi papá y me quedaría con Christine y Gerry Goldstein, el jefe de mi padre. No podía creer que iba a aprender a esquiar.

Había que comprar ropa para esquiar... una nueva chaqueta para esquiar, guantes, ropa interior de manga larga, anteojos para esquiar, botas para la nieve. Mi mamá y yo compramos y compramos. Finalmente, llegó el día que tuve que irme. Me acuerdo haber estado sentada en el avión y pensando: “¿Realmente va a suceder esto? ¿Verdaderamente voy a esquiar?” En mi camino a Aspen, Colorado, seguía imaginando los días por venir. ¿Quién esquiaría conmigo y cómo podría hacerlo? Cuando el avión aterrizó en Aspen, me paré sobre la escalera cubierta de hielo que conducía a tierra. Pude sentir el viento frío soplando en mi cara y oír el sonido de la nieve crujiendo debajo de mis pies. Saqué mi mano para sentir los suaves copos de nieve. Abrí mi boca y dejé que algunos de los copos llegaran a mi lengua. Estaban húmedos y fríos. Nos apuramos a llegar adentro y ahí, esperándonos, estaba Houston Cowan, el director de Challenge Aspen. Era alto y cariñoso; me dio un fuerte abrazo. Tenía un marcado acento sureño y yo me sentí inmediatamente en casa al estar a su lado.

El día siguiente me desperté en una cabaña hecha de troncos. Todo mundo se había levantado temprano, y hablaban en la mesa del desayuno a mi alrededor y sobre mi primer día para esquiar. Nos apuramos para vestirnos y subirnos a la camioneta. “Eso es”, seguía diciendo. Me preguntaba quién sería mi instructor.

Llegamos a Buttermilk Mountain (la montaña “Botella de Leche”) y sentí cosquillas en el estómago. Comencé a preguntarme si todavía tendría ganas de hacerlo. Recuerdo haber estado esperando en la fila para la renta de esquíes y escuchar por primera vez la tranquila voz de mi instructor, Johnny Klein. Me dijo que daría instrucciones como “Vuelta a la izquierda”, “Vuelta a la derecha” y “Alto”. También tenía una vara de bambú de la que me podría sostener al principio. Pensaba todavía: “¿cómo podré esquiar si no puedo ver?” Su tranquilizadora voz me dijo que empezaría lentamente e intentaría nuevas cosas conforme me sintiera a gusto. También me dijo que es muy importante confiar en el instructor y hacer exactamente lo que ordena.

Mi primer gran paso fue subirme en el elevador con sillas. Se disminuye la velocidad del elevador con sillas para los esquiadores discapacitados. Y así fue como empecé –primero bajando por pequeñas pendientes, después desde la mitad de la montaña y, al final del día, desde la cumbre de la misma. Me sentí tan orgullosa, esquiando desde la cumbre de Buttermilk hasta sus pies el mismísimo primer día. Cuando mejoró mi forma de esquiar, aprendí a usar bastones. También tuve la oportunidad de esquiar libremente. Esquiar de manera libre es cuando no se recibe ninguna instrucción y el(a) esquiador(a) decide cuándo dar las vueltas. Puedo pretender que nadie me acompaña. Me siento como una persona con vista cuando practico el esquí libre.

Desde ese primer día, me ha encantado esquiar y sé que siempre querré hacerlo. Cuando esquío, tengo un sentimiento de eternidad y una sensación de no querer detenerme. Siento que estoy flotando y que casi no tengo peso. Sobre todo, me siento como un río que fluye y como un pájaro que vuela.

Esquiar siendo totalmente invidente implica muchísima confianza, seguridad y concentración. Un(a) esquiador(a) completamente invidente tiene que ser capaz de confiar en su guía y de sentir seguridad con esa persona. Por eso es que me gusta conocer verdaderamente a mi guía antes de que esquiemos juntos. Si no me siento a gusto con esa persona, solicito otro(a) guía.

Este es mi séptimo año esquiando en Challenge Aspen. Sé que siempre regresaré aquí porque me gusta mucho. Aunque he regresado todos los años, no esperaba que Houston Cowan me pidiera que comenzara a entrenar para los Juegos Paraolímpicos. Me dijo hace un par de años que quería que yo compitiera para ingresar al Equipo de Esquiadores Discapacitados de EUA. Voy a competir con otros esquiadores invidentes en la misma pista que usarán los esquiadores olímpicos. Después de pensarlo mucho, respondí que sí. Los Juegos Olímpicos se llevarán a cabo en Italia, y tengo planeado estar presente en ellos.

En abril pasado competí con otros diez esquiadores invidentes en una carrera cuesta abajo en Lake Tahoe y le gané al mejor esquiador varón por seis segundos. Casi llego en primer lugar, pero me caí y llegué en segundo para ganar una medalla de plata.

Después de dos años de entrenamiento, estoy empezando a comprender el esfuerzo que tendré que realizar para llegar a los Juegos Paraolímpicos del 2006. Serán necesarios varios viajes de entrenamiento a Aspen, pero también debo trabajar en casa para desarrollar fuerza y resistencia. Tendré también que hablar frente a diferentes audiencias, para explicar mis metas y recolectar dinero con el objetivo de alcanzarlas. Pero pienso que con trabajo duro haré que mis sueños se hagan realidad.


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Last Revision: September 1, 2010