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Primavera 2001 Tabula de Contenido
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La Ceguera No es Obstáculo

Por Adam Shell
16 de febrero de 2001, Copyright 2001, USA TODAY, Reimpreso con permiso.

Laura Sloate todavía recuerda el golpe del rechazo, las palabras malintencionadas, la discriminación descarada. Mientras realizaba una entrevista para obtener su primer trabajo como analista de valores a finales de los años 60 –provista únicamente con entusiasmo juvenil y una maestría en historia–un jefe de investigación de una casa de bolsa le dijo, básicamente, que se olvidara de una carrera en Wall Street. “Él me dijo, ‘Tienes tres cosas en tu contra: eres mujer; no puedes ver; y eres inexperta,” recuerda Sloate. Le demostró que estaba equivocado. Hoy en día, administra una cartera de acciones de $405 millones, aunque no pueda leer una gráfica de acciones, analizar una hoja de cálculo o ver un producto nuevo de aceptación generalizada. Sloate, de 55 años, ha sido invidente desde que las retinas desprendidas le robaron su vista a los 6 años de edad. El impedimento no ha detenido a la decidida Sloate a tener éxito en el mundo de quienes ven. Dirige la compañía de inversiones Sloate Weisman Murray & Co., que contribuyó a fundar en 1974. También administra el fondo Strong Value, que ganó 13% el último año a pesar de haerse registrado el peor comportamiento del mercado de valores en una década.

La mayoría de la gente invidente sólo sueña con el éxito que tiene Sloate. De los 1.3 millones de americanos de 22 a 50 años que se estima son oficialmente invidentes, cerca de la mitad están desempleados, sostiene la Fundación Americana para los Invidentes (American Foundation for the Blind). Y uno de cada tres invidentes de 18 a 64 años que trabajan ganan menos de $20,000 dólares al año.

Aún así, la extremadamente competitiva Sloate afirma que la vista no es un impedimento. “La ceguera no es obstáculo”, dice Sloate, quien ha trabajado en Wall Street desde 1968. “Únicamente te obliga a hacer las cosas de manera diferente”.

Como para la mayoría en Wall Street, la información es su alma. “Soy adicta a la información”, sostiene. “Si me abstuviera de ella, estaría en peores condiciones que un fumador de tres paquetes al día sin un cigarro”. El truco –y la clave del éxito–es colocar los datos en su cabeza. Se pasa todo el día haciendo precisamente eso. “El canal de entrada de mi conocimiento es a través de mis oídos,” afirma.

SUPREMA EN MULTI-TAREAS

Son las 10 a.m. y el día de operaciones está en pleno apogeo. Mientras su perro guía, un pastor alemán de 8 años de edad, llamado Quartz, dormita a sus pies, Sloate está haciendo lo que parecen 10 cosas a la vez: escuchando a las noticias entrantes que se desbordan desde las bocinas de su PC a 320 palabras por minuto.

Verifica la cotización de las acciones. Oprime la tecla F3 en su PC y perfora el símbolo C. Una voz robotizada responde con una cotización de Citigroup, su posesión mayoritaria: “C... Bid (Ofrece) ... 50 ... Punto (Point) ... 5265 ... Fin …Ask(Solicita) …50 …Punto (Point) …750 …Fin.” El vendedor en jefe Michael Adamson sirve como una teleimpresora humana de acciones, actualizando a Sloate vía el altoparlante.

Lee el correo electrónico. Hace doble clic en un mensaje de un analista de Wall Street analizando un informe de ganancias publicado antes de que suene la campana. La computadora le lee el contenido del correo electrónico.

“Laura obtiene cantidades inhumanas de información,” afirma Chip Rewey, administrador de cartera senior de la compañía de Sloate. Rewey se sienta justo enfrente de su jefa durante el día de operaciones, alimentándola con chismes relevantes de informes de casas de bolsa y de revista de comercio. Sloate todo lo retiene.

“Tiene el equivalente de una memoria fotográfica,” dice Neil Weisman, quien fundó con Sloate la compañía y la dejó en 1986 para empezar su propio fondo financiero. La incapacidad para ver la obliga a apoyarse mucho en la tecnología –y en otras personas–para hacer las cosas. Los amigos y colegas a veces le sirven como sus ojos. “Tal vez no puedo decirle si los diseños de Gap son magníficos, pero conozco a gente que es capaz de hacerlo,” señala Slate. Si necesita analizar una gráfica o algunas hojas de cálculo, le pedirá a un socio financiero de confianza que la ayude.

Sloate no siente lástima por sí misma ni tampoco recurre a excusas, pero seguido dice que ser invidente la frustra. “En ocasiones quiero hacer algo que no puedo hacer sola, como montar una bicicleta.” También hay obstáculos profesionales. El estigma asociado con ser invidente tiende a cerrarle las puertas. Si estuviera buscando un trabajo nuevo, ella supone que los posibles empleadores seguirían reacios a contratarla a pesar de su trayectoria. Buscar nuevos inversionistas también es más difícil. Sloate sostiene que la mayoría no se siente a gusto confiándole su dinero a una persona invidente. Así que no se apresura a decirle a la gente por teléfono acerca de su discapacidad. “Cuando me aparezco con un perro, permanecen, cuando menos, escépticos”, sostiene. “Pero esa actitud desaparece cuando conversan conmigo y se percatan de que no soy una completa idiota.”

De hecho, Dick Strong, fundador de Strong Funds, admite que había hablado por teléfono con Sloate durante dos años y “no sabía que era invidente.” Los compañeros de trabajo y antiguos colegas la describen como justa, aunque estricta. “A algunas personas les gusta recibir críticas con un arreglo floral; usted no las recibirá así de Laura,” afirma Donna Leone, presidente operativo de la compañía que fue contratada como asistente personal de Sloate hace 20 años. Weisman, su antiguo socio, sostiene que Sloate se exige a sí misma también estándares elevados. “Es muy dura consigo misma; ella misma es su crítica más severa.” Preparada en todo momento, Sloate es descrita como leal, bondadosa y generosa. Los compañeros de trabajo dicen que es una maestra maravillosa, que invita a miembros de su compañía a cenar para decirles lo que están haciendo bien y, por supuesto, en qué necesitan mejorar. Adora a su perro, Quartz, como una madre cariñosa. Una tarde después de que el mercado había cerrado, dejó caer el plato de lata de su perro sobre su escritorio y le preparó la cena: queso cottage bajo en grasa mezclado con comida seca de perro. Sloate afirma que cuando Quartz fue intervenido quirúrgicamente hace poco en la espalda, estaba “traumatizada”.

A Sloate le gusta estar lista. Cuando un cliente potencial le deja un mensaje, por ejemplo, investigará rápidamente quién es, dónde trabaja y si pertenece a algún consejo corporativo. Cuando va algún lado por primera vez, verifica en qué lado de la calle está el edificio y dónde se ubican las entradas. “Le gusta tener el control”, sostiene Weisman. Cuando se trata de invertir, Sloate busca compañías de calidad que se venden a precios bajos. Pero no comprará una acción sólo porque esté barata: debe haber algún catalizador, como una recuperación de las ganancias, una nueva administración o una reestructuración. Toys R Us es un ejemplo perfecto. Sloate comenzó recientemente a comprar la acción con la creencia de que ese negocio mejoraría en el amanecer de la muerte o cercana desaparición de los distribuidores punto-com, como sucedió con eToys.

3:45 A.M. LLAMADA PARA DESPERTAR

Mantener el paso con lo mejor de Wall Street no es fácil. Sloate es una bestia de carga que duerme menos de cuatro horas cada noche. Su día inicia a las 3:45 a.m. En el instante en que se levanta se “abalanza” sobre el periódico. Levantando el teléfono, marca un número y teclea un código de acceso de seis dígitos. Cuando entra la llamada, obtiene una relación línea por línea de las historias publicadas por los principales periódicos nacionales. Alimenta y cepilla a Quartz mientras está “leyendo”. Es común que Sloate le deje mensajes de correo de voz a sus empleados a las 4 a.m. El trabajo es lo siguiente. “Es la manera en que alivio mi estrés”, sostiene. Hacia las 5:30 a.m. está subiendo y bajando 75 peldaños de escaleras en su edificio de departamentos en Manhattan. Un entrenador personal llega a las 6 a.m. para vigilarla durante su entrenamiento con pesas. La esbelta Sloate de 5 pies 6 pulgadas y 110 libras de peso, levanta 60 libras 60 veces –en tres repeticiones consecutivas. Llega a su oficina en Park Avenue a las 8:30 a.m. Su día se extiende también mucho más allá de las horas de operaciones. Son las 6:45 de una noche de jueves a principios de enero y Sloate todavía está trabajando arduamente. Como siempre, está haciendo dos cosas a la vez. “Me aburro con rapidez”, afirma. No es raro que tenga a dos personas leyéndole artículos de periódicos y revistas de manera simultánea. Esta noche, Tracey Paleo, una actriz, le está leyendo a Sloate notas de The Financial Times. Al mismo tiempo, Rewey le está leyendo las últimas noticias desde Internet. Sloate “lee” de varias maneras. Los fines de semana, digitaliza con scanner unas 300 páginas de artículos de revista y otros materiales impresos en su PC, que convierte a voz. El software también le permite leer artículos de Internet. Además, por supuesto, cuenta con lectores de carne y hueso como Paleo. La paga para las aspirantes a actriz y estudiantes universitarios que Sloate contrata para leer: $8.50 a $10.00 por hora. Es posible encontrar a los lectores escondidos en la esquina de una oficina que simula una biblioteca provisional, leyendo libros y artículos en voz alta para las grabadoras. “Adiministrar dinero y analizar acciones es el mejor trabajo del mundo”, dice Sloate, quien también encuentra tiempo para enseñar análisis de acciones en un curso de la Universidad de Columbia. Pero su verdadera pasión es la ópera. Ha asistido a cerca de 1,000 representaciones, la mayoría de ellas en la Metropolitan Opera de Nueva York, de cuyo consejo es miembro. “La ópera es muy civilizada”, sostiene. ¿Y el rock y el rap? “Sólo es ruido. Mis oídos son muy sensibles.”

UNA NOCHE EN LA ÓPERA

Una noche, el mes pasado, un viaje a la representación de La Traviata de Giuseppe Verdi en el Met, demostró las habilidades de organización de Sloate. Debido a las largas horas de trabajo, Sloate no llega por lo general a la ópera sino hasta el comienzo del segundo acto. Antes de la temporada, solicita un horario del Met que publica la hora en que los actos empiezan y terminan. “La broma en la ópera es que soy una experta en los actos segundos y terceros,” bromea. Esta noche, Sloate deja su oficina de Park Avenue a las 8:15 p.m. en punto. Su chofer, Michael Piniero, viaja como bólido por la ciudad en una camioneta. La cena se sirve en el asiento trasero. Sloate cena maíz tostado y café. Como llega al Met alrededor de las 8:40 p.m., unos minutos antes, Piniero espera pacientemente en una calle cercana. A las 8:45 p.m. Sloate da la orden, y Piniero conduce el auto al estacionamiento para el descenso. Una vez dentro, Sloate, con Quartz a su lado, se hace cargo. “Sube las escaleras. Camina a la izquierda del bar. Las puertas a la orquesta están justo enfrente. Estamos en la Fila D.” Las luces se apagan justo después de que Sloate se sienta. La cortina se levanta y la multitud aplaude antes de que se cante una nota. Sloate afirma que a la audiencia debe gustarle el escenario. “Los habitantes de Nueva York son muy expresivos sobre lo que les agrada y lo que no. Los he oído abuchear el escenario,” afirma.

Sloate, quien nunca se ha casado, tiene dos hermanos y creció en Brooklyn. Pasó mucha de su niñez en casa, donde su mamá, Elsie, ahora de 94 años, le leía. Sus problemas oculares la mantuvieron fuera de la escuela hasta los 14 años, su primer año en secundaria. “Pasé una época difícil”, dice Sloate sobre sus problemas de socialización en la escuela. Su interés en las acciones comenzó cuando tenía 10 años. Su papá, Kelly, quien era inversionista, la llamaba en la víspera de Año Nuevo para calcular el valor de su cartera. Sostiene que ella hacía los cálculos en su cabeza de manera más rápida de lo que podría hacer con pluma y papel. Todavía es buena con los números, afirma Rewey. Cuando Sloate obtiene la cuenta en un restaurante –y cena fuera cada noche–leerá el precio de cada plato, sostiene Rewey, y es capaz de calcular el total, incluyendo el impuesto y la propina, hasta el último centavo, en su cabeza.

Obtuvo su primer trabajo en 1968 en un pequeño fondo de inversión (mutual fund) que quebró 4 meses después. Entonces obtuvo un trabajo como analista en una pequeña compañía donde ganaba $200 a la semana, $140 de los cuales pagaba a una secretaria que contrató para leer por ella. En 1972 consiguió un trabajo como analista en Burnham & Co. “Laura está enamorada con el negocio y dedicada a él, tristemente, con un montón de otras distracciones”, sostiene el escritor Peter Tanous, quien escribió un capítulo sobre Sloate en su libro Investment Gurus (Gurus Inversionistas). La misma Sloate afirma que está tan dedicada y vigorizada por su trabajo que la jubilación está fuera de toda discusión. “No disfruto estar lejos del negocio,” afirma. “Me pude haber retirado hace mucho tiempo.”


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