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Primavera 2000 Tabula de Contenido
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Un mundo de milagros

Por Cindy O'Dell, madre, Amarillo, Texas

Con el ajetreo y el alboroto cotidianos, a veces olvido de hacer un tiempo para agradecer por las cosas aparentemente "ordinarias". Mis hijos, Shane y Breezy, tienen el extraño don de volverme a la realidad o de ponerme en mi lugar y hacerme acordar de agradecer las pequeñas u "ordinarias" cosas que la vida ofrece.

Mi hija, Breezy, tiene varias discapacidades físicas, entre ellas discapacidad visual y auditiva. Es una niña extraordinaria. Los médicos diagnosticaron que no llegaría a su primer año; sin embargo, este verano celebramos su décimo cumpleaños y los milagros nunca paran.

La ubicación de nuestra casa es perfecta para ver los aviones que llegan al aeropuerto internacional de Amarillo y a Tradewinds (un aeropuerto para aviones pequeños) y a la fábrica Bell Helicopter que produce los Osprey V-52.

Una noche fresca de otoño, Breezy entró en casa corriendo y gritando desde el garaje. Inmediatamente, corrí para ver qué había sucedido y ella me tomó de la mano casi arrastrándome hacia afuera.

Al aproximarnos al final de la vereda, comenzó a gritar y saltar porque la oscuridad de la noche había pintado el escenario perfecto para que Breezy pudiera ver los aviones volando. Mientras pasaban tres aviones militares, dos particulares, un jet comercial y el Osprey V-52, su emoción no daba tregua. A medida que cada avión volaba más cerca sobre el campo detrás de nuestra casa, Breezy temblaba estimulada por una visión tan extraña.

Estos eventos no son nada nuevo para el resto de la familia, pero para Breezy fue una de las cosas más emocionantes de su vida. La luz del sol, durante el día, no le deja ver las nubes en el cielo y ni que hablar de un avión. El cielo casi enteramente negro junto con las luces de aterrizaje de los aviones abrieron una nueva ventana para el placer de ver de Breezy.

Mientras Breezy disfrutaba de este evento que la mayoría de nosotros consideramos "ordinario", su hermano llegó y estacionó su auto. Entonces, Breezy corrió del lado del acompañante y comenzó a tironearle del brazo frenéticamente arrastrándolo hasta la vereda para compartir esta ocasión excepcional.

Mientras Shane y yo observábamos el cielo oscuro, testigo de la nueva aventura de Breezy, nos preguntábamos cuán a menudo damos por sentadas esas cosas "ordinarias". El entusiasmo de mi hija era contagioso y una vez más, me hizo dejar otras cosas de lado para agradecer las pequeñas cosas de la vida.

Con un millón de cosas aún para terminar, paré para decir, "Gracias Dios por semejante pequeño milagro".


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Last Revision: September 1, 2010