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Primavera 2000 Tabula de Contenido
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"Sueño con otro mundo"

Por Cathy Allen, madre, Mesquite, Texas

Es natural que una madre sueñe con el futuro de sus hijos. Al principio los sueños nos llenan de alegría y esperanza y, como nos hacen sentir tan bien, guardamos esos sueños en nuestros corazones olvidando su naturaleza frágil y determinando que serán realidad. A medida que nuestro hijos crecen debemos cuidarnos de adaptar esos sueños a las circunstancias de la vida y a la realidad de que nuestros hijos tienen sus propias preferencias y personalidades únicas.

"Por supuesto. ¡Es obvio!", dirá usted. Sin embargo, en mi propia experiencia yo he descubierto que no es tan fácil que mi corazón acepte las realidades que mi mente da por obvias.

Como mi personalidad es más bien creativa y un poco excéntrica, los sueños que yo tengo para mis hijos son de naturaleza un poco diferente. Sin embargo, estará usted de acuerdo, los sueños que salen de mi corazón y los sueños que salen del suyo, aunque sean diferentes, despiertan en nosotros el mismo placer.

Yo quiero mostrarles a mis hijos la simple belleza de la naturaleza y de la música, el placer de la risa y del abrazo cálido. Estoy segura que estas cosas enriquecerán sus vidas, sea cual fuera el camino vocacional que elijan seguir. A mis hijos varones les cantaba cuando eran bebés, ahora les doy instrumentos musicales para explorar y disfrutar. Cuando hay tormenta, los llevo a la veranda a la noche, en pijamas, envueltos en cobijas y nos abrazamos para observar el espectáculo eléctrico de la naturaleza. Hacemos caminatas por el bosque buscando ramas para colgarnos y columpiarnos o simplemente un palo del tamaño cierto para ayudarnos a caminar.

Así es como he elegido vivir la vida, expresiva y experimentalmente.

El nacimiento de mi hija Rachel, que ahora tiene 4 años, fue una amenaza y un desafío para mis sueños. Rachel, que tiene discapacidades visuales y auditivas, un retraso en el desarrollo y otras afecciones, prefiere la seguridad del hogar y su mundo se desarrolla en ambientes estériles y protectores. A pesar de estar rodeada de ternura, amor y esperanza, tambiéan había rastros de aprehensión y pena en cada encuentro.

Yo no sabía cómo encajarla en la vida y la personalidad de nuestra familia. ¿Cómo podría ayudarla a saborear la vida con visión y audición mínimas?

Observaba a sus maestros en audición y visión tratando de definir el mundo cómo ella lo siente, (qué es lo que ve y escucha, a qué responde?) y empecé con esperanza pero terminé desilusionada al descubrir lo pequeño que era su mundo en realidad. No obstante, sabía con certeza que yo tendría que entrar en su mundo antes de que pudiera guiarla hacia el mío. Me balanceaba entre los dos extremos de negación optimista y realismo desesperanzado y no podía permanecer por mucho tiempo en ninguna de las dos situaciones, pues la una no tardaba en me desterrarme a la otra. A medida que fui trabajando para encontrar la puerta secreta que me dejara entrar en el mundo de la sordoceguera, gradualmente fui llegando a la posición de realismo optimista.

Entendí, por lo menos en parte, que las limitaciones sensoriales de mi hija hacían que el mundo estuviera más cerca de ella;. Podía disfrutar de placeres aún más simples de los que yo había tratado de inculcar a mis hijos.

Si bien con los niños nos tiramos afuera a observar las estrellas que brillan en la noche clara, con Rachel me acuesto en el piso de una habitación oscura, acunándola bajo las luces intermitentes de Navidad.

Si a los niños les he enseñado muchas canciones y les he hecho conocer diferentes estilos de música, con Rachel experimento una satisfacción intensa en la belleza y la expresión de sus manitas cantando "Twinkle, Twinkle, Little Star."

He estimulado el sentido de aventura de los niños incitándolos a cazar un grillo con las manos desnudas o subir hasta la cima de una montaña para ver qué hay; en cambio con Rachel, me siento orgullosa de su coraje al verla acercarse cuidadosamente y con voluntad a un arbusto para descubrir qué es esa cosa verde. O cuando abre la puerta de un armario y, después de estudiar el hueco oscuro, extiende su mano en la profundidad para poder determinar si hay algo que llena ese vacío.

Recientemente, Rachel y yo estabamos sentadas en un banco mecedor con vista a un lago mientras caía el sol. Ella ni se enteraba de los colores del cielo en la distancia con sus pinceladas violáceas, rosas y naranjas. Por un instante, la vibración punzante de la pena entró en mi corazón al pensar en el sentimiento de paz que se estaba perdiendo porque no podía ver la puesta de sol.

Pero entonces, ya impaciente con mi distracción, sus manitas colocadas a cada lado de mi cabeza giraron mi cara hacia ella. Se acercó como para estudiar las características distintivas de mi rostro y entender la expresión del mismo. Luego, señalando un punto en mi mejilla me dio un tierno beso en ese mismo lugar y del otro lado igual; colocó su nariz sobre la mía, como gesto de afección y nos frotamos las narices mientras yo decía, "Nosey, Nosey, Nosey" Con su brillante sonrisa, empezó a aplaudir y luego me abrazó fuertemente, expresando así su amor y placer.

Puede ser que Rachel nunca vea una puesta de sol magnífica, pero puede "ver" mi cara y sentir mi abrazo cálido. Mi sueño es que cuando ella venga a mí, siempre encuentre el sol brillando en mi sonrisa y sienta la paz del atardecer en mis caricias.


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Last Revision: September 1, 2010