TSBVI logo | Home | Site Search | Outreach | Ver/Oír Indicio |

Otoño 2006 Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

Lo que mi Hija me Enseñó sobre el Aprendizaje Activo – O, ¿De Quién es el Objetivo Después de Todo?

Por Jean Bugbee, Madre de Familia

Reimpreso con autorización de Future Reflections, invierno/primavera 2006

Resumen: Una madre comparte su viaje de estímulo del aprendizaje de su hija a través del juego—en sus propios términos en el hogar y en la escuela—para ilustrar la importancia de respetar a nuestros hijos por quienes son, comunicarse con ellos de la forma en que ellos se comunican, apoyar su aprendizaje en la forma que ellos aprenden y ser concientes de quién es el objetivo que estamos tratando de alcanzar.

Palabras Claves: familia, ciegos, aprendizaje activo, comunicación, desarrollo de conceptos, programación educacional

Nota del Editor: El siguiente artículo se editó de una presentación realizada en la Convención de Aprendizaje Activo de Estados Unidos (North American Active Learning ensective Learning Convention) patrocinada por la Fundación Lilliworks, en febrero del 2005. Si desea mayor información sobre el Aprendizaje Activo, consulte los siguientes sitios Web: <http://www.lilliworks.org>; <http://www.penrickton.com>; <http://www.visionkits.com/Lilli_Nielsen.html>;and <http://www.tsbvi.edu/Education/vmi/nielsen.htm>.

En 1983, adopté a mi hija Renee. Era soltera; tenía experiencia trabajando con adultos discapacitados pero no una pista sobre el cuidado de los bebés. Renee tenía cinco años y medio, pesaba dieciséis kilos, se desenvolvía más o menos como un bebé de nueve meses y era muy linda. Cuando sonrió y estiró sus manos para que la alzaran en brazos, fue amor a primera vista.

Renee sufrió lesiones debido a un error médico cuando tenía catorce días, en 1978. Tiene parálisis cerebral moderada, retardo mental, epilepsia e hidrocefalia que es controlada mediante una derivación ventrículo peritoneal. No tiene la capacidad de sorber y tiene mucha dificultad para poder tragar. Fue desde el hospital a un hogar de adopción médico cuando tenía dieciséis meses. Se sentó sola cuando tenía cuatro años y pudo gatear y caminar sostenida de las manos a los cinco años. Actualmente tiene veintiséis años y aún camina de la misma manera.

La conocí en su escuela especial, que poseía gran cantidad de equipos para rehabilitar a niños con discapacidades graves. Sus objetivos según el Programa de Educación Individualizado eran apilar bloques, apilar anillos, trabajar con juegos de encaje de piezas, cepillarse los dientes, cepillar su cabello, usar el inodoro, alimentarse por sí sola, caminar y hablar. En la escuela usaban perfilamiento, modelamiento, trabajo de guía con las manos e indicaciones verbales y corporales. Ninguno de ellos estaba funcionando.

Ella arrojaba, golpeaba y dejaba caer los objetos al suelo; se los llevaba a la boca; se sacaba la ropa; jalaba del cabello; trataba de arrebatar los lentes a las personas (y cualquier cosa que pudiera asir); y articulaba a todo lo que dieran sus pulmones—todo ello con gran alegría y vitalidad.

Me la llevé a casa, pero me llevó dos meses convencer a su asistente social de que estaba en lo correcto. Era una situación de opciones contradictorias. Sólo un loco querría a esta niña y no les entregan niños a los locos. Estaba en un gran hogar de adopción. Su madre adoptiva era una terapeuta física retirada. Estaba rodeada de amor, lo cual era bueno—pero también estaba siempre rodeada de su cuna, corral de juego, silla alta o cochecito de paseo—lo que no era tan bueno.

Nuestras primeras semanas juntas fueron una experiencia de aprendizaje increíble para mí. Arrojaba su botella una y otra vez, así es que le conseguí una taza con boquilla para sorber. La puse en su corral con muchos juguetes. Los arrojó todos hacia afuera del corral, entonces la puse fuera de él y ella lo llenó con los juguetes. Dejé que me tomara las manos y que me llevara por toda la casa para explorar las cosas. Hice que la casa fuera segura para Renee. Coloqué su colchón en el suelo, puse una puerta para bebés en su puerta (para poder dormir en la noche) y la dejé suelta.

Cuando demostró interés en algo, conseguí más de ese tipo de cosas. Le gustan las cajas didácticas así es que comencé a coleccionarlos para ella y continúo en busca de objetos que le interesen.

La casa era un desastre, pero ella se mantenía ocupada y feliz. Esta situación se mantuvo por más de dos años. Nos divertíamos mucho, pero me preocupaba no estar haciendo lo correcto.

Durante años los profesores me decían que ella tenía que aprender habilidades de clasificación y apilamiento de modo que le fuese bien en las pruebas de coeficiente intelectual. La escuela también ofrecía a Renee entrenamiento de las destrezas funcionales, como cepillarse los dientes y uso del inodoro. Cuando el desarrollo de sus habilidades de clasificación, apilamiento y funcionales no era suficiente, los médicos y profesores dijeron que o yo no estaba haciendo suficientes esfuerzos o que simplemente su retardo era demasiado (o ambos).

En algún momento durante el transcurso de los acontecimientos me di cuenta de que todo lo que ella realmente sabía como hacer, lo había aprendido a partir de sus propios juegos. Tenía que sentirse motivada por la actividad para poder realizarla. Le gustaba el sonido, de modo que golpeaba, dejaba caer y jugaba con los juguetes musicales, articulaba sonidos y agitaba los objetos para ver si hacían ruido. Le gustaba lo que podía hacer con sus manos, por lo que hacía más de lo ya mencionado. En cuanto a clasificar y apilar, dedicaba menos atención a estas actividades. Si no hacía un sonido agradable, ¿para qué hacerlo? Le gustaba que le cepillara el cabello o los dientes, así es que no quería aprender a hacerlo ella misma, incluso si se la elogiaba. No parecía manejar suficientes palabras para comprender lo que yo quería, pero tal vez no le interesaba complacerme haciendo algo que para ella no tenía sentido.

Aprendí a dejarla que me mostrara lo que le interesaba y lo que podía hacer. Si no poseía las destrezas elementales y la actividad no era motivadora por sí misma, ella no la realizaba—punto. Si yo deseaba que ella aprendiera a hacer algo, tenía que proporcionarle materiales o actividades que desarrollaran las habilidades esenciales y luego hacer que la actividad le resultara “productiva”. Nunca había oído del Aprendizaje Activo, pero lo estaba realizando.

Antes de la escuela secundaria, era la única estudiante con su nivel de discapacidad en su clase. Era única. Decidí no darle importancia a las pruebas de coeficiente intelectual. Había una gran parte de la capacidad de valerse por sí misma que ella simplemente no iba a adquirir. Estaba cansada de que le hicieran pruebas sobre lo que no podía hacer, en lugar de valorar lo que sí podía hacer. Recurrí al Programa de Educación Individualizado para proteger sus derechos y oportunidades, pero no esperé que ellos le enseñaran mucho.

Si embargo, insistí en darle oportunidades para aprender a través del juego y a su manera en el hogar, y con el tiempo adquirió la funcionalidad en sus habilidades. Ahora apaga y prende la luz, coloca la ropa del lavado en cestas, la basura en el basurero, y la correspondencia en el buzón. Le corresponde a ella llevar la cesta plástica en la tienda de alimentos, poner las cosas sobre el mostrador (normalmente dando un golpe) y llevar a casa la bolsa con las compras. Y Renee se comunica muy bien conmigo, sólo que no en inglés.

Actualmente, según su programa diario para adultos ella tiene que cumplir metas e insisten en que debe aprender a lavarse las manos. Ellos reclaman que tomó mucho tiempo lograr que lo hiciera; que ella era dependiente de una gran cantidad de indicaciones corporales y verbales. Les preocupaba que simplemente no hubieran sabido cómo enseñarle. Les expliqué que a Renee le encanta jugar en el agua y quiere que el personal le preste toda la atención posible. Renee también tenía un objetivo y lo ha logrado. Tiene un retardo, pero no es estúpida.

Renee es muy feliz. Puede hacer mucho más de lo que alguna vez alguien soñó que podría hacer. Ahora “entiende” el concepto total de causa y efecto. Puede alimentarse sola, jugar durante horas sin sentir frustración, y sostener la ducha manual. Puede sacarse la ropa y ponerse los calcetines en los pies y las manos, y ¡cree que el control remoto de la puerta automática del garaje es maravilloso!

Debemos recordar el respetar a nuestros hijos por quienes son, comunicarse con ellos de la forma en que ellos se comunican, apoyar su aprendizaje en la forma que ellos aprenden y ser concientes de quién son los objetivos que estamos tratando de alcanzar. El educar niños requiere amor, paciencia y sentido del humor. También es la diversión mayor y más difícil que usted tendrá.


| Otoño 2006 Tabula de Contenido | en via a Email de Ver/Oír |

Please complete the comment form or send comments and suggestions to: Webmaster

Last Revision: September 1, 2010