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Otoño 2002 Tabula de Contenido
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Un Salto Gigante para Meredith de 5 Años de Edad

Por Sarah Barnes
Reimpreso con permiso de la autora
Número Especial de Austin American-Statesman, Jueves 25 de Julio de 2002

Mis hijas, Meredith y Caroline, condujeron un carro en el desfile del Cuatro de Julio de nuestro vecindario este año. Mientras mi esposo, Jim, las llevaba por la calle, mis pensamientos se dirigieron hacia el siguiente año y a cómo esperaba yo que pudieran caminar en el desfile. Para Caroline, que tendrá 2 años el siguiente verano, sería fácil. Pero cada año que pasaba, mi sueño de ver a mi niña de 5 años de edad caminar, se desvanecía un poco. Meredith tiene una rara anomalía cerebral que produce debilidad en sus habilidades motoras. Cuando tenía 1 año, se sentó. A los 2, gateó. A los 3 y 4, empezó a cruzar alrededor de los muebles y a usar una caminadora. Como los padres que presenciamos su lucha, Jimy yo aprendimos a valorar cada pulgada de su progreso, sin querer establecer una meta que, temíamos, no pudiera alcanzar.

Tengo el agrado de informar que una no debería decir “nunca” a una niña de 5 años con determinación.

Después de unos días del desfile, estábamos preparando a Meredith para irse a la cama, y yo acababa de entrar a su recámara con su cepillo de dientes. Meredith y Jim estaban sentados en el piso. En ese momento, por razones que nunca sabremos, Meredith decidió levantarse sobre una rodilla seguida de la otra. Entonces colocó sus manos en frente de ella sobre el piso y comenzó a levantarse desde una posición en cuclillas a una erguida. Trata de hacer esto seguido, pero nunca puede pararse. Esa noche –7 de julio– lo hizo. Estupefactos, pero listos para cualquier cosa, Jim y yo nos pusimos instintivamente en frente de ella y le ofrecimos nuestros brazos.

“Vamos Meredith, tú puedes hacerlo. Da un paso,” le dije.

Ella sonrió ampliamente y se detuvo para permitir que sus músculos consideraran lo que su cerebro les estaba diciendo que hicieran. Entonces el movimiento que permanecerá por siempre en nuestras mentes, ocurrió. Meredith movió su pie derecho hacia delante. Después el izquierdo. Luego el derecho. Después, por primera vez, nuestra pequeña niña recorrió todo el camino hasta nuestros brazos y nos dio un abrazo.

“Oh, Dios mío,” le susurré a Jim. “Está caminando.”

“Meredith,” le dije apretándola con fuerza, “estamos tan orgullosos de ti.”

Pero Meredith no estaba interesada en disfrutar el momento. Estaba en movimiento. Por toda la casa. No había muletas ni ruedas de carreola para guiarla, sólo sus propias piernas de carne y hueso. Jim y yo estábamos impávidos todavía sin poder creerlo mientras la seguíamos por todo el camino hasta el recibidor, observando cómo daba sus pasos confiadamente, como si lo hubiera hecho durante años. Sólo había una cosa por hacer.

“Voy por la cámara de video,” dijo Jim. Cuando tu hija no muestra interés en caminar por sí misma durante cinco años y de repente lo hace, bueno, necesitas pruebas. En unos segundos Jim regresó de recámara, con la cámara presionando su ojo, el dedo grabando.

Meredith no nos defraudó. Caminó equilibradamente de su recámara a la nuestra y luego a la de su hermana y de regreso al recibidor. Regresé rápidamente a nuestra recámara para llamar a mi mamá.

“Mami, ¿adivina qué? Meredith está c-a-m-i-n-a-n-d-o.”

“Oh, Dios mío, ¿estás bromeando?”

“No, te lo juro,” le dije. “Ven a verla ahora mismo.”

“Voy para allá,” respondió.

“Apúrate, antes de que se detenga.”

En unos cuantos minutos, mi mamá y su esposo, Neal, llegaron y se dirigieron al recibidor, donde, en el extremo opuesto, Meredith estaba parada – literalmente contemplando su siguiente paso.

“Mira, Meredith, es tu abuelita Missy. ¿Puedes darle un abrazo?”

Meredith sonrió y miró a mi mamá, quien tenía sus brazos extendidos. Con pocas dudas, caminó hacia delante con pasos firmes. Mi mamá cubrió su boca cuando vio sus primeros pasos y exclamó “creo que voy a llorar.”

Meredith pasó la siguiente hora completa caminando por toda la casa. Parecía tan entusiasmada de ser alta para variar, viendo las cosas a un diferente nivel sin la carreola. Finalmente tomó un descanso alrededor de las 10:15, y sus abuelos regresaron a casa. Jim y yo todavía estábamos disfrutando el momento cuando él me anunció que tenía una sorpresa para mí. No podía imaginar un noche con más magia, pero él regresó con una pequeña bolsa.

“Abre tu mano,” dijo.

Sosteniendo su mano debajo de la mía, golpeó ligeramente la bolsa y cayeron en mi mano un par de zapatitos dorados sobre mi palma. “He estado esperando durante dos años para dártelos – el día que Meredith caminara.”

El momento detuvo mi respiración mientras veía el pequeño colguije – un símbolo tangible de un día que Jim y yo habíamos estado soñando desde que el doctor nos dijo que no sabía si nuestra pequeña hija podría o no caminar. Algún día, espero que Meredith me pida que le cuente la historia detrás de cada uno de los colguijes de mi brazalete. Empezaré por los pequeños zapatos dorados.

Sarah Barnes escribe ocasionalmente acerca de las alegrías y los retos de criar una hija con necesidades especiales. Usted puede comunicarse con ella en adifferentroad@aol.com


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Last Revision: September 1, 2010