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Otoño 2001Tabula de Contenido
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¿Qué Hace Usted Cuando... Necesita Ayuda Pero No Vive en Utopía?

Por Winifred Downing, San Francisco, California
Reimpreso bajo licencia de Dialogue, Verano 2000, publicado por Blindskills, Inc.
Información sobre Donaciones / Suscripciones al (800) 860-4224 y en www.blindskills.com

Utopía, para la mayoría de las personas invidentes e impedidas visuales, sería un lugar en el que podrían encontrar un bastimento listo de voluntarios para ayudarlos con toda clase de compras, proporcionarles transporte a los consultorios de los doctores y a las oportunidades de recreación, leer cualquier cantidad de materiales, y por lo general desempeñar todas las tareas que son difíciles, si no imposibles, para que nosotros las hagamos. Sospecho que esas personas que se encuentran en una situación tan afortunada son únicas en varias formas. Probablemente viven en comunidades de ritmo más lento que las que viven en grandes áreas urbanas, son bien conocidas por su participación en la fabricación de noticias y en eventos dramáticos, poseen los medios para vestirse bien y atractiva en apariencia, quizás tienen una casa llamativa propia, y proporcionan a los voluntarios un sentimiento real de estatus, debido a sus esfuerzos.

Que tal situación exista no es una crítica ni para las personas con suerte que obtienen fácilmente la ayuda que necesitan ni para los individuos que proporcionan la asistencia de buena gana. Lo que provoca tal situación, sin embargo, es explicar porqué no hay disponibles oportunidades similares para la mayoría de los miembros de la comunidad invidente. Las personas con vista en áreas urbanas vertiginosas son requeridas a participar en innumerables actividades voluntarias relacionadas con su vida de estudiantes, empleados, de las escuelas a las que asisten sus hijos, sus iglesias, y muchas otras actividades filantrópicas.

La persona invidente o impedida visual, puede ser un recipiente SSI que vive en un pequeño departamento de un área congestionada en la que estacionarse puede resultar difícil sino imposible para un voluntario potencial. El individuo necesitado también podría ser como la mujer de 85 años que llamó la semana pasada para que la ayudáramos en prácticamente todo, pero muy traumatizada por su nueva experiencia de pérdida de la visión, además de los problemas normales de envejecimiento, que sería casi atemorizadora para alguien no capacitado para asistir a tales personas. La persona ordinaria que se encuentra a sí misma dispuesta a ofrecer ese tipo de ayuda, de hecho estaría aterrorizada al darse cuenta de que podría enfrentar dificultades similares en sus propios años de vejez, y podría evitar, instintivamente, involucrarse sólo por esa razón. Ningún reconocimiento de la comunidad se dirige a las personas que pasan un par de horas a la semana ayudando a alguien a comprar provisiones ordinarias, leer un montón de correo chatarra o dejar a alguien en una larga fila en una clínica.

También hay diferencias sustanciales en la manera en que uno se siente respecto a la ayuda. He leído artículos escritos por personas invidentes que sostienen que pueden volar a un aeropuerto congestionado, aterrizar y llegar al área de equipaje, recogerlo al reconocerlo por el tacto mientras circula por el carrusel, encontrar los teléfonos de cortesía, y llegar al área de abordaje. Ahora no creo en esas historias, pero la sed por independencia y auto suficiencia las alimenta. Estos son los tipos de personas que sostienen que la ceguera no es nada más que una molestia.

Solicitar ayuda, particularmente para la gente que ha sido capaz de resolver sus necesidades propias durante toda su vida hasta que su problema visual ocurre, es a veces una experiencia devastadora. Se hizo un intento en un grupo de iglesia al que yo pertenecía hace algunos años para obligar a los participantes (todos jóvenes y físicamente capaces) para aprender a pedir ayuda y aceptarla de otros. A cada uno se le requirió a pedir algún tipo de asistencia durante las siguientes dos semanas e informar lo que había sucedido. Para la mayoría de las personas, fue una experiencia humillante, cuya aceptación les ocasionó un mal rato. ¿Cómo, entonces, debemos acercarnos a esta difícil necesidad? La primera tarea es decidir cuál ayuda es realmente necesaria. A pesar del hecho de que algunas cosas podrían ser más fáciles con la asistencia visual de lo que son sin ellas, me parece que deberíamos hacer para nosotros mismos todo lo que podamos sólo porque tenemos otras áreas en las que no podemos funcionar a solas. Necesitamos hacer el esfuerzo necesario para organizar nuestra propia ropa, las provisiones, el correo, los números telefónicos y otros detalles de la vida y desarrollar las habilidades de movilidad necesarias para viajar solos cuando sea apropiado, para que no necesitemos molestar a otras personas de manera inútil. Eso significa asistir a centros de orientación, clases sobre habilidades de vida diaria o reuniones de personas invidentes que han tenido diferentes experiencias al respecto; tomando cursos de lugares como la Escuela por Correspondencia Hadley; y leyendo libros acerca de temas relacionados. Significa familiarizarnos con cualesquiera de los recursos de la comunidad que estén disponibles tales como servicios para los adultos de la tercera edad, oportunidades de paratránsito y programas ofrecidos por las instituciones que atienden a las personas discapacitadas.

Cuando todas estas avenidas hayan sido recorridas, sin embargo, podríamos necesitar todavía de asistencia que no está disponible en la región en la que vivimos o que sea insuficiente para cubrir las necesidades de aquellos que la desean. Las fuentes para anunciarse incluyen las secundarias locales, los centros para los ciudadanos de la tercera edad y los periódicos murales de las iglesias, centros comunitarios y las YMCA. Si usted puede ofrecer un incentivo monetario, sus oportunidades, por supuesto, aumentarán. Es absolutamente necesario, desde mi punto de vista, reembolsar los gastos de gasolina y de cuotas de puentes y autopistas.

Si la persona voluntaria viene a casa de usted, especialmente si vive solo(a), es necesaria, como medida de seguridad, una amplia entrevista telefónica. Además, la presencia de un miembro de la familia o una amistad en el momento de la visita, proporciona gran seguridad si puede concretarse.

Retener a alguien voluntario una vez que se ha encontrado, requiere de consideración. No le pida que haga algo que no sean las tareas para las que se ofreció. Si la meta son las compras, no le agregue la lectura del correo. Sólo adhiérase al asunto original a menos de que tenga la oportunidad de pedirle a la persona que desempeñe una tarea adicional. No exceda el período de tiempo solicitado por el individuo, y tenga todo listo para que se pueda aprovechar al máximo el tiempo asignado. Tener preparada la lista de las compras y las bolsas para las provisiones, el correo junto en un solo lugar y ya abierto, las direcciones para llegar al consultorio del doctor claramente en mente, etc.

Por último, haga de la ocasión algo tan gratificante para el voluntario como sea posible al interesarse en la vida de la persona, identificándose con sus problemas y gustos, recordando las fechas de importancia para ella, y dándole pequeños regalos cuando sea posible –tal vez algo que haya cocinado o escrito; el préstamo de un CD que podría resultarle interesante, o una llamada telefónica para enterarse de la salud o el resultado de una entrevista importante. Con mucha frecuencia estamos tan involucrados en tratar de resolver nuestras propias necesidades que olvidamos aquellas de las personas de nuestra vida.

Así que Utopía no está disponible para muchos de nosotros. Pero hay salidas a nuestros problemas que no sólo los resuelven sino que también nos dan la oportunidad de conocer algunas personas maravillosas, enriqueciendo tanto nuestras vidas como las de ellos.


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Last Revision: July 30, 2002