TSBVI logo | Home | Site Search | Outreach | Ver/Oír Indicio |

Otoño 2001Tabula de Contenido
English version of this article (Versión Inglesa)

Una Jornada Personal hacia la Lectura

Por Jeff Moyer, Highland Heights, Ohio
www.jeffmoyer.com
    

Nota de la editora: Jeff Moyer es un verdadero hombre del renacimiento – autor de canciones, escritor, orador apasionado, editor y campeón de la dignidad de las personas. Su estilo único de humor, música e ideas poderosas ha sido escuchado por el público de 46 estados, Australia, hasta Canadá y las Islas Vírgenes. Los libros de actividades para el salón de clases publicados por Moyer y su nuevo musical How Big Is your Circle? (¿Qué tan grande es tu círculo?) están en operación en escuelas y comunicados de todo el mundo, promoviendo la aceptación de las diferencias, de comunidad genuina y de sobrepasar a la exclusión, el ridículo y la violencia. Los seis álbumes de música original grabados por Jeff incluyen muchos estilos, temas y formas, pero tienen en común el atributo de elevar a lo alto la dignidad del espíritu humano y demuestran el pensamiento, la profundidad y el corazón de este músico talentoso y versátil. Sus entretenidas, emotivas y alentadoras presentaciones, lo hacen un conferencista popular y muy solicitado por diversas audiencias en reuniones tanto nacionales como internacionales. Los texanos pueden recordar a Jeff como el principal orador en la conferencia TEAR de la pasada primavera, o por su taller familiar Future Horizons en Galveston. Outreach habló con Jeff durante TEAR acerca de sus experiencias con los diferentes medios y su definición de lector. Si le gustaría saber más sobre Jeff, visite su sitio web en www.jeffmoyer.com

1. Cuéntanos acerca de tus transiciones hacia diferentes medios de aprendizaje y qué usas ahora.

Tuve un sentido de la vista completo hasta que cumplí cinco años. Me acuerdo estar estudiando las letras donde quiera que las veía, y esperaba con ansia el día en que pudiera dominar la facilidad y la maravilla de la lectura. Cuando llegó el día de ingresar al jardín de niños, rebosaba de entusiasmo. En toda la escuela había letras en los periódicos murales, en los pizarrones de los salones y había libros por doquier. Para el primer año, cuando se nos enseñó a leer y a escribir, sin embargo, el deterioro temprano de mi retina estaba empezando a afectar mi capacidad para ver los detalles. Me acuerdo de haber sido incapaz de ver las letras en el lector gigante Dick and Jane que descansaba sobre la mesa en frente del salón de clases, y la necesidad de sostener mi lector más cerca que los demás para poder leer. Cuando mis padres se dieron cuenta, después de un brote de sarampión que puso en riesgo mi vida, que no estaba viendo de manera normal, un optometrista les dijo que yo quería usar anteojos y que no había nada malo con mi vista. Mi padre insistió en que yo no fingía, y que yo  colocaba el libro a distancia de lectura normal cuando el entraba al cuarto, por lo que me llevaron con un excelente oftalmólogo que empezó a verme dos veces al año.

La marcha inexorable de pérdida de visión continúo con resultados devastadores para mi capacidad para leer normal o fácilmente. Durante toda la escuela primaria, las fuerzas gemelas de la letra más pequeña y el mayor volumen de lectura, así como mi vista lentamente erosionada, me hicieron más difícil la tarea, frustrante y descorazonadora. Mi papá compró todas las lupas que pudo encontrar; me fueron recetados bifocales que de poco me sirvieron, y me sentí como un nadador ahogándose. El perplejo oftalmólogo se rascaba la cabeza por mi caso, pero validó y documentó la muerte de mis retinas.

A los 11 años, había cruzado el umbral mágico de la ceguera legal y ocurrieron dos cosas poderosas. Primero, fui atendido en una clínica para débiles visuales donde obtuve una poderosa lupa para libros y un telescopio con el cual podía leer el pizarrón. Estas herramientas eran maravillosas y me acuerdo de mi euforia sentado en la clínica aprendiendo a usarlos. Pero usar dispositivos que se veían extraños y no eran entendidos por los otros alumnos, me impedía usarlos únicamente bajo determinadas circunstancias. Todavía puedo sentir el embarazo conforme sacaba el monóculo de ópera fuera de mi bolsa de ejercicio para leer el tablero desde la primera fila o leer un examen con mi lupa gruesa. Mi lectura era posible, pero lenta, fatigante e incluso dolorosa, y me percaté que arrastrarme con mi lupa no iba a lograr ayudarme con el volumen de lectura que tenía adelante.

Mi madre entró en escena y empezó a leerme: un alivio bienvenido. Al mismo tiempo, me inscribieron en el programa Talkin Book (Libro Parlante), y el mundo de la lectura sencilla, sin esfuerzo y sin límite, se abrió ante mí como una pradera. Pasaba las tardes de los domingos y muchas veladas leyendo un libro tras otro, y descansaba y leía, y leía.

Ese mismo año, me sacaron de mi escuela primaria local y me colocaron en otro distrito en un salón de recursos y un maestro de educación especial. Me enseñaron Braille, y me acuerdo la vergüenza y el dolor que trajo ese año. Ningún consejo ni apoyo se me ofreció en relación con el trauma y la tristeza de perder la vista, y mi miedo a la ceguera mantuvo al Braille en el puerto, amarrado con cables de acero a prueba de todo.

A pesar de los mejores esfuerzos de la querida Miss Stone, mi maestra de Braille, me rehusé genuinamente a aplicarme al trabajo debajo de la mano. El buen juicio de Miss Stone, de una trabajadora social y de mis padres fue que no esta “listo” para el Braille. En retrospectiva, la realidad era que nunca jamás habría de nuevo la oportunidad de aprender Braille bajo la instrucción de un maestro y con el tiempo dedicado a superar el mismo aprendizaje.

La escuela tenía libros con letra grande, que yo despreciaba. Los libros eran de gran tamaño, y yo leía pegado a mi lupa sobre la página. Era imposible mantener una postura confortable mientras leía las páginas anchas y largas de los libros. La lectura con la lupa siempre me provocó dolores de cuello y espalda y finalmente una afección crónica de postura.

Miss Stone me enseñó a mecanografiar, y tomé la vieja máquina de escribir Royal como un alumno serio del viejo sistema QWERTY, Después de ese año en sexto grado, nunca leí un libro grande de nuevo, sino que empecé a mecanografiar y nunca volví la vista atrás. Mecanografié en mi máquina grandota y la encontré mejor que la letra pequeña. Leer una página de mecanografía era otra tarea lenta y glacial. En cualquier caso, creo que me deshice de esa vieja belleza cuando estaba en secundaria, y cambié la máquina de letra grande por una portátil con letra regular. Verificaba mi lugar y hacía correcciones con la lupa de alto poder que necesitaba, de cualquier forma, para leer la letra grande.

Me regresaron a la escuela pública y les pagaban a mis compañeros para leerme en la escuela y en casa, y la comodidad de que me leyeran algunos textos en voz alta en casa o en la oficina del maestro. En realidad, recurro a lectores por lo menos algunas veces hasta ahora.

Para el décimo grado, una grabadora de carrete descansaba sobre mi escritorio en mi cuarto y yo escuchaba todos mis libros de texto, leídos por la National Braille Press. Lupas más potentes y más pequeñas me permitieron leer durante cortos períodos de tiempo, e incluso presenté exámenes contra reloj, aunque no con mucho éxito sin comodidad.

Durante mi carrera universitaria, los cassettes se volvieron parte de mi mundo de lectura y mis compañeros constantes, supliendo inicialmente, y después reemplazando a los carretes de cinta y a los discos.

Empecé a utilizar los CCTV a principios de los año setenta, y quedé sorprendido. Podía leer y escribir fácilmente, aunque no podía leer en grandes cantidades. Había esperado que tales dispositivos maravillosos me liberarían para poder saltar a las letras y leer finalmente sin esfuerzo. Incluso convencí al Departamento de Rehabilitación del Estado de California que me comprara un sistema para la universidad. Presenté un análisis de costo/beneficio demostrando cuánto dinero se ahorraría por el servicio de lector. No obstante, con la caja mágica todavía no podía leer grandes volúmenes de texto, pero era capaz de leer mis notas sin esfuerzo y estudiar sin dolor por la postura incorrecta y la incomodidad. Después de la escuela, continúe utilizando los CCTV en el trabajo, incluyendo dos sistemas de cámara para monitorear la mecanografía y la lectura simultáneamente.

Trabajé durante varios años en Telesensory Systems, Inc., y ahí me convertí en uno de los primeros individuos en usar una computadora que generaba caracteres agrandados. El departamento de ingeniería donde trabajaba realizando estudios de factor humano sobre nueva tecnología usando una computadora de desarrollo masivo, que incluía programas para procesamiento de texto y un intrigante juego de computadora llamado Dungeons and Dragons (Calabozos y Dragones). Un amigo escribió un programa que “pintaba” la pantalla con caracteres alargados. Esto me dio acceso a escribir un juego de aventuras. No sabía el código del programa, así que mi escritura no era editable, pero ciertamente utilicé esta capacidad. Le daba el comando impreso a la computadora y a la impresora en otro cuarto y después iba y recogía los informes, materiales de enseñanza o lo que estuviera trabajando, separaba las hojas y se las daba a mi secretaria para que las volviera a escribir en máquina eléctrica. ¡Que me cuenten sobre la repetición!

En 1984 obtuve una computadora portátil llamada The Viewscan. Era una sistema maravilloso, con una pantalla de color naranja que se desplazaba de derecha a izquierda sobre un fondo negro. Se escribieron y leyeron muchas presentaciones utilizando esa caja mágica. Pero mis retinas estaban perdiendo la batalla en contra de la muerte lenta, y en unos cuantos años el sistema resultó inútil. Todavía tengo un CCTV en mi escritorio y lo utilizaría para ver una cantidad limitada de texto, pero mi computadora de escritorio transforma las letras en salida de voz, así como caracteres alargados.

En 1988 obtuve una Keynote, un procesador de textos altamente portátil con salida de voz. Por primera vez, podía escribir y leer mi trabajo sin esfuerzo. Soy un escritor de canciones y un poeta. En ese momento estaba escribiendo muchos oficios, artículos para publicarse, y toda clase de documentos de comunicación de negocios requeridos por un ambicioso y joven administrador. Los libros eran míos por medio de cassettes y elegantes grabadoras que habían evolucionando. Pero para mí, la lectura es tanto leer mi propio trabajo como leer libros. Así que las computadores me dieron la capacidad de escribir y editar libremente, revisar y pulir, lo que fue un gran impulso a la alfabetización en general. La tecnología ha cambiado para mí, pero todavía utilizo computadoras con salida de voz exclusivamente y adoro la libertad y la potencia que proporcionan.

Hace diez años me dañé las manos por la sobre utilización, la mecanografía, por tocar la guitarra, y por cargar mi computadora portátil de y hacia el trabajo. Las lesiones por dolor repetitivo es la principal lesión en el centro de trabajo en estos días, y me encontré a mí mismo con manos con mucho dolor y limitadas. No puedo escribir sobre un teclado regular, levantar una maleta estrechar la mano, aplaudir o hacer cualquier cosa que requiera demasiada articulación o firmeza de los dedos. Me cambié a Braille ‘n Speak y ahora a Voicenote debido a que los teclados Braille requieren menor torsión y rango de movimiento de los dedos. La tecnología me salvó nuevamente.

Hace varios años comencé a utilizar la Kurzweil Voice para ingresar datos a mi computadora de escritorio. Ha resultado excelente, aunque tedioso, método para introducir y obtener información, y es un gran paso adelante cuando se utiliza junto con una pantalla lectora y un sintetizador de voz.

2. ¿Consideras a la información por audio como un medio de lectura y alfabetización?

Por completo. Uno necesita saber cómo escribir, deletrear, pensar de manera crítica, digerir y absorber el mundo escrito, pero yo he estado leyendo por medio del oído por más de 40 años. Desde el sexto grado hasta la licenciatura y a lo largo de mis intensas y variadas actividades laborales, lectores en persona, cintas, computadoras y digitalizadores (scanners), han sido mi llave para el maravilloso mundo de las ideas y la comunicación. He escuchado/leído ávidamente desde mi infancia y he sido un escritor de una u otra clase toda mi vida. El hecho de que mis habilidades Braille sean limitadas al Grado Uno y al etiquetamiento de elementos en notas simples y cortas, no tiene que ver con el asunto.

La alfabetización y la lectura deben incluir leer y escribir. Gracias a la tecnología, aquellos de nosotros que no tuvimos una educación sólida que incluyera instrucción Braille todavía puede competir y compartir en el discurso entre la gente. A lo largo del tiempo, ese es el sello distintivo de la alfabetización.

Pienso que los niños tienen la necesidad de que se les enseñe un medio de alfabetización y de lectura que sea portátil y eficiente. Las herramientas tecnológicas de ahora han proporcionado los medios a través de los cuales podemos leer y escribir fácilmente utilizando pequeños sistemas portátiles que generan Braille renovable, lenguaje artificial o caracteres agrandados. Mientras uno sea competitivo, aprenda de manera activa y obtenga su independencia y habilidades aprendidas, ¿tiene importancia si se usa una herramienta? Algunos podrían argumentar que la tecnología no es alfabetización ni lectura. ¿Depender de una silla de ruedas no es movilidad?

El Braille y la letra impresa dependen de la lectura por medio de los dedos y los ojos. Soy una persona con muchas lecturas, que depende de los oídos.

Estoy leyendo con mis Oídos

Estoy leyendo con mis oídos
tú sabes, estoy leyendo lo que oigo
Las palabras que leo colman mi necesidad.
Hacen más claras las ideas
Estoy agradecido por la facultad de comunicación,
estoy leyendo lo que estoy oyendo
sí, estoy leyendo con mis oídos

Estoy escuchando con mis ojos, tú sabes,
estoy oyendo lo que veo
os signos y caras de mis amigos
lo hacen bastante claro para mí
Estoy escuchando con mis ojos
a todo el lenguaje que veo
Estoy escuchando con mis ojos,
tus manos me están hablando justo a mí.

Estoy mirando con mis manos, tú sabes,
estoy viendo lo que siento
Cuando puedo tocar significa mucho,
hace que los conceptos se vuelvan reales.
Estoy viendo con mis manos –
todo lo que toco realmente lo veo las ideas corren
Tiene sentido tocar.
Lo hace claro para mí.

Estoy viviendo mi propia vida
Tú sabes, estoy viviendo a mi manera
Las diferencias en cómo lo hago no tienen que intervenir.
Los únicos obstáculos que enfrento
son aquellos en las mentes de algunos
Estoy viviendo libre en mi interior.
He dejado mi temor atrás

© Jeff Moyer 1996


| Otoño 2001 Tabula de Contenido | en via a Email de Ver/Oír |

Please complete the comment form or send comments and suggestions to: Jim Allan (Webmaster-Jim Allan)

Last Revision: July 30, 2002